Día primero.
Acto de contrición
para todos los días
Señor mío Jesucristo, Criador, Padre y Redentor amorosísimo: postrado ante vuestra divina Majestad confieso humillado y confuso mis culpas y desvíos con que, ingrato y atrevido, me rebelé contra Vos, y villanamente ofendí vuestra infinita bondad. Pésame de todo corazón de haberos así disgutados e injuriado, cuando merecíais que os hubiese amado con todo el amor de mi alma y con todas mis fuerzas. Pésame por esa misma vuestra bondad infinita, injuriada y disgustada, pésame porque os amo sobre todas las cosas y por el infierno que merecí, donde no hubiera podido amaros. Perdonadme por vuestra misericordia infinita por el amor inmenso de vuestra dulcísimo corazón. Y Vos, abogado mío San José, alcanzadme el perdón de vuestro amado Jesús y gracia para cumplir el propósito que hago de no ofenderte más en adelante, cumpliendo con mis obligaciones de cristiano, mortificando mis apetitos y malas inclinaciones, y desgraviándole de las infidelidades de mi vida pecadora.
ORACIÓN
para todos los días
Glorioso Santo y poderosísimo Intercesor con Dios nuestro Señor,
que os encomendó en la tierra el cuidado de su Hijo muy amado en quien tiene todas sus complacencias, á quien sustentasteis con el trabajo de vuestras manos, salvasteis de la persecución de Herodes, amasteis y asististeis con la ternura y solicitud más exquisita, de quien fuistes honrado y enaltecido con las más exacta sumisión, y la más cordial obediencia y la más absoluta confianza, y correspondido con el agradecimiento, más filial y el cariño más puro y acendrado; permitid que venga hoy a ofreceros mis pobres obsequios, a meditar vuestras virtudes, á fortalecerme con vuestros ejemplos, aprendiendo en ellos á amar más y más al Señor, á regocijarme en vuestra gloria y á implorar vuestra protección en toda necesidad y singularmente en la última hora, á fin de que logre, después de una vida verdaderamente cristiana, la muerte preciosa del justo, que me lleve á la posesión eterna de mi Dios y Señor, en compañia vuestra en la bienaventuranza de la gloria, Así sea.
De la Predestinación de San José

1. Dios que, por ser infinitamente sabio, nada hace sin un designio en que se junten su providencia y su amor, al contemplar desde toda la eternidad á sus criaturas inteligentes y libres, las predestinó a un fin digno de ellas y de Él á la vez. Á unas señalo un destino, otro á otras; á unas llamó á un grado de santidad, á otro grado más alto y más perfecto. Á éstas escogio para el estado de la virginidad, encantador, sublime, angelical; á aquéllas para el del matrimonio, por muchos conceptos respetable y conveniente. ¿Á qué fué predestinado San José? Después de la humanidad de Jesús, después de la santísima Virgen María, ninguna criatura ha sido llamada á tan glorioso destino. Dios escogió eternamente la sagrada humanidad del Salvador para unirla con la divinidad en la persona del Verbo; á María para la madre de este Dios hecho hombre; y á José para esposo de esta Virgen incomparable y Madre sin igual y para padre putativo, ayo, defensor y providencia en la tierra del mismo Hijo de Dios encarnado. José fue predestinado para la virginidad y el matrimonio, como María su esposa; y así como es ella la escalera mística que nos conduce á Dios por Jesús, José nos lleva a María, y por ella y con ella nos pone en relaciones con el dulcísimo Hijo del Eterno, objeto del cariño y de la solicitud de entrambos. José fué predestinado para la santidad más excelsa después de la de la Madre del Redentor y por ahí á la gloria mayor de los santos.
2. Complazcámonos en esa gloria del santo Patriarca y meditemos. No nos falta una vocación que seguir. El estado que escogimos, ¿ es aquel al cual el Señor nos llamaba? ¿lo escogimos por capricho, con miras terrenas, llevados de alguna pasión ó siguiendo la voz de Dios, después de haberle pedido luz en la oración y tomado consejo del director de nuestra conciencia? ¿No ha sonada todavía la hora de la elección? Entonces, para no errar en asunto de que depende nuestra salvación ó nuestra condenación eterna, roguemos al Señor, poniendo á San José por medianero, consultemos al confesor y Dios nos dará á conocer el estado pa que nos llama. Si ya lo hubiéramos abrazado, hayamos ó no acertado en la elección, hemos de cumplir estrechamente con las obligaciones que nos impone, cueste lo que costare: de otra suerte nos exponemos á perder el alma. ¡Cuán triste fuera que habiéndonos llamado Dios á ser santos en el mundo y bienaventurados en el cielo, nos precipitáremos en el infierno por haber descuidado las obligaciones del propio estado! ¡cuán doloroso que, habiéndonos llamado Dios á la alta dignidad de hijos suyos como cristianos para gozar de Él eternamente, hubiéramos de ir á padecer y morir sin fin y sin consuelo con el insufrible padecer y morir de sus enemigos y nuestros enemigos los demonios!
Oración para el Primer Día
¡Glorioso y bondadoso Patriarca San José! alcánzadme del Señor la gracia de no verme por siempre desventurado, sin poderle amar eternamente en la patria celestial, ¿De qué me hubiera servido haber venido al mundo, haber conocido a Dios, haber recibido de Él gracias sin cuento, si al fin hubiese de vivir separado de Él eternamente? Crióme Dios para el cielo, he sido objeto inmerecido de su infinito amor, y ¿no podré entrar en aquella mansión bienaventurada, ni amar en ella eternamente á mi amorosísimo Criador? Alcanzadme, pues, la practica de las buenas obras, con las cuales asegure mi elección y vocación para la gloria, donde espero veros y acompañaros en amar á Dios, alabarle y darle gracias por sus bondades infinitas por los siglos de los siglos. Amén.
Ahora pedirás al Santo la gracia o gracias que deseares alcanzar, y para más obligarle le rezarás siete Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patri en memoria y veneración de sus siete dolores y siete gozos.
Antifona
Este es el siervo fiel y prudente, á quien dió el Señor el gobierno de su familia.
V: Gloria y riqueza hay en su casa,
R: Y su justicia permanece de siglos en siglos.
Oración
Sean, Señor, en nuestra ayuda los méritos del esposo de vuestra santísma Madre, á fin de que por su intercesión se nos otorgue lo que á nosotros nos es imposible conseguir. Voz que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Así sea.
Día segundo.
Acto de contrición
para todos los días
Señor mío Jesucristo, Criador, Padre y Redentor amorosísimo: postrado ante vuestra divina Majestad confieso humillado y confuso mis culpas y desvíos con que, ingrato y atrevido, me rebelé contra Vos, y villanamente ofendí vuestra infinita bondad. Pésame de todo corazón de haberos así disgutados e injuriado, cuando merecíais que os hubiese amado con todo el amor de mi alma y con todas mis fuerzas. Pésame por esa misma vuestra bondad infinita, injuriada y disgustada, pésame porque os amo sobre todas las cosas y por el infierno que merecí, donde no hubiera podido amaros. Perdonadme por vuestra misericordia infinita por el amor inmenso de vuestra dulcísimo corazón. Y Vos, abogado mío San José, alcanzadme el perdón de vuestro amado Jesús y gracia para cumplir el propósito que hago de no ofenderte más en adelante, cumpliendo con mis obligaciones de cristiano, mortificando mis apetitos y malas inclinaciones, y desgraviándole de las infidelidades de mi vida pecadora.
ORACIÓN
para todos los días
Glorioso Santo y poderosísimo Intercesor con Dios nuestro Señor,
que os encomendó en la tierra el cuidado de su Hijo muy amado en quien tiene todas sus complacencias, á quien sustentasteis con el trabajo de vuestras manos, salvasteis de la persecución de Herodes, amasteis y asististeis con la ternura y solicitud más exquisita, de quien fuistes honrado y enaltecido con las más exacta sumisión, y la más cordial obediencia y la más absoluta confianza, y correspondido con el agradecimiento, más filial y el cariño más puro y acendrado; permitid que venga hoy a ofreceros mis pobres obsequios, a meditar vuestras virtudes, á fortalecerme con vuestros ejemplos, aprendiendo en ellos á amar más y más al Señor, á regocijarme en vuestra gloria y á implorar vuestra protección en toda necesidad y singularmente en la última hora, á fin de que logre, después de una vida verdaderamente cristiana, la muerte preciosa del justo, que me lleve á la posesión eterna de mi Dios y Señor, en compañia vuestra en la bienaventuranza de la gloria, Así sea.
De la cooperación de San José á los designios divinos

1. Sea cual fuere el destino para el que Dios nos escoge; sea cual fuere el estado al que nos llama, siempre exige nuestra cooperación á las gracias que nos concede para cumplir bien nuestros deberes. No es dudoso que sintió José el suave impulso de la divina mano que amorosamente le atraía á la vida virginal, tan llena de encantos celestiales como poco amada en su nación; así se comprende que el venerable Patriarca hiciese en edad temprana voto de virginidad-cuando entre los suyos nadie lo hacia-, cooperando con esta suerte á los designios del Señor que lo quería virgen, y así se obligaba más estrechamente á cumplir con la divina voluntad. Dios lo quiso pobre y de condición humilde, porque convenía á sus planes respecto de la persona de su Hijo encarnado, de quién le tenía elegido padre putativo, nutricio y solicitó custodio; y el obediente José, que conocía esto, por más que sintiera circular por sus venas la sangre real de David, cooperó á la ordenación del Altísimo escogiendo el oficio y la vida humilde vulgar y obscura de simple carpintero.
2. ¿Cómo me he portado yo con Dios, mi Señor y Dueño, respecto de las gracias que me ha concedido para poder seguir mi vocación, para que pudiese cumplir con lo que me exigía los amorosos desginios de su bondad paternal para conmigo? ¡ Cuántas veces, lejos de cooperar á su gracia, la he rechazado! ¡lejos de aceptar reconocido su divina ayuda para el cumplimiento de su santa ley, poniendo de mi parte los esfuerzos de mi buena voluntad y buenas obras, he precindido de un auxilio tan poderoso, y sólo he consultado para obrar mis gustos, mis placeres, mi vanidad, mis caprichos y mi desenfrenada liberad! Es menester que me enmiende; es menester que recuerde con San Agustín que de nada sirve la divina gracia si no cooperamos á ella con nuestros esfuerzos; y que Dios, que me sacó de la nada por su amor, que por su amor me redimió con su sangre y con su muerte, sin haber contribuído á ellos en lo más minimo, no me salvará, no me admitirá á la bienaventuranza eterna, si con mis obras no secundo la acción de su gracia y no me aprovecho de ella.
Oración
¡ Cuántas veces, Dios mío, lejos de pediros luz para conocer vuestra voluntad, y gracia para cumplirla, he obrado según mi antojo, sin buscar otra luz ni regla, ni otro fin que dar gusto, no á Vos, sino á mis caprichos y pasiones! Grande atrevimiento ha sido el mío, escucharme á mi mismo en vez de escucharos á Vos y seguir mis antojos en lugar de obedecer vuestros deseos. ¡Cuántos designios vuestros no se han realizado en mi por no haber yo querido oir vuestra voz! ¡ Cuánto ha perdido mi alma con semejante conducta! Dejadme llorar, Señor mi atrevimiento y rebeldía; dadme á mí, siervo vuestro, un corazón dócil, y cooperaré á vuestros soberanos designios y me esmeraré en hacer vuestra voluntad en la tierra, como se hace en el cielo. Y Voz, obedientísimo José, haced que imite vuestra docilidad á los designios del Señor, para que nunca más le disguste, como lo he hecho ahora tantas veces. Así sea.
Ahora pedirás al Santo la gracia o gracias que deseares alcanzar, y para más obligarle le rezarás siete Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patri en memoria y veneración de sus siete dolores y siete gozos.
Antifona
Este es el siervo fiel y prudente, á quien dió el Señor el gobierno de su familia.
V: Gloria y riqueza hay en su casa,
R: Y su justicia permanece de siglos en siglos.
Oración
Sean, Señor, en nuestra ayuda los méritos del esposo de vuestra santísma Madre, á fin de que por su intercesión se nos otorgue lo que á nosotros nos es imposible conseguir. Voz que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Así sea.
Día tercero.
Acto de contrición
para todos los días
Señor mío Jesucristo, Criador, Padre y Redentor amorosísimo: postrado ante vuestra divina Majestad confieso humillado y confuso mis culpas y desvíos con que, ingrato y atrevido, me rebelé contra Vos, y villanamente ofendí vuestra infinita bondad. Pésame de todo corazón de haberos así disgutados e injuriado, cuando merecíais que os hubiese amado con todo el amor de mi alma y con todas mis fuerzas. Pésame por esa misma vuestra bondad infinita, injuriada y disgustada, pésame porque os amo sobre todas las cosas y por el infierno que merecí, donde no hubiera podido amaros. Perdonadme por vuestra misericordia infinita por el amor inmenso de vuestra dulcísimo corazón. Y Vos, abogado mío San José, alcanzadme el perdón de vuestro amado Jesús y gracia para cumplir el propósito que hago de no ofenderte más en adelante, cumpliendo con mis obligaciones de cristiano, mortificando mis apetitos y malas inclinaciones, y desgraviándole de las infidelidades de mi vida pecadora.
ORACIÓN
para todos los días
Glorioso Santo y poderosísimo Intercesor con Dios nuestro Señor,
que os encomendó en la tierra el cuidado de su Hijo muy amado en quien tiene todas sus complacencias, á quien sustentasteis con el trabajo de vuestras manos, salvasteis de la persecución de Herodes, amasteis y asististeis con la ternura y solicitud más exquisita, de quien fuistes honrado y enaltecido con las más exacta sumisión, y la más cordial obediencia y la más absoluta confianza, y correspondido con el agradecimiento, más filial y el cariño más puro y acendrado; permitid que venga hoy a ofreceros mis pobres obsequios, a meditar vuestras virtudes, á fortalecerme con vuestros ejemplos, aprendiendo en ellos á amar más y más al Señor, á regocijarme en vuestra gloria y á implorar vuestra protección en toda necesidad y singularmente en la última hora, á fin de que logre, después de una vida verdaderamente cristiana, la muerte preciosa del justo, que me lleve á la posesión eterna de mi Dios y Señor, en compañia vuestra en la bienaventuranza de la gloria, Así sea.
De la Conducta de José con Jesús y María

1. Ningún esposo amó tanto á su esposa como José á la Virgen. Si el amor crece á proporción de las buenas cualidades, de las virtudes de la persona amada, ¿Cuál sería el amor de José á su esposa, criatura la más santa y más perfecta entre las hijas de Eva? Y como el amor, cuanto más puro es, se prenda de la hermosura del alma, que es superior á la del cuerpo, José, estudiando y contemplando aquel Corazón, aquella alma de María, mar sin fondo de gracia y espiritual belleza y perfección, donde habitaba complacida la Trinidad Santísima, hermoseándolo á cada momento con nuevos encantos, iba más y más amando á su esposa y de ahí nacia la confianza con que la trataba, comunicándole sus penas y temores, lo mismo que sus alegrías y consuelos; y como la Virgen le correspondía, aun con exceso, de ahí los mutuos obsequios y servicios, los afectos y goces más celestiales que humanos que hicieron tan dichosa la vida de José en la santa compañía de la Reina de los ángeles. Y si fue José cariñoso y fiel esposo de María, con mayor afán y ternura se desvivió por Jesús, cuidando de él, y amándole con amor de padre, y sirviéndole y adórandole como á su Dios y Señor. Cuando niño, lo llevaba en brazos, lo mecía en la cuna y reemplazaba á la Virgen en los cuidados maternales cuando se lo impedía alguna otra ocupación imprescindible. Para Jesús trabajaba con sudores y fatigas, y disfrutaba lo indecible, cuando veía á Jesús ayudándole en el trabajo. Nunca se cansaba de verle y comtemplarle, y cuando no le veían los ojos no le perdía de vista el corazón. Día y noche pensaba en él, y por momentos iba creciendo su amor á Jesús, más que el más excelente padre ama á sus propios hijos, mucho, muchísimo más amó á su hijo putativo y en su amor y en sus adoraciones aventajó á los más abrasados serafines.
2. Aprendan de San José los esposos cristianos el modo de vivir con sus esposas. Aménlas por sus dotes y perfecciones morales, que sólo la virtud engendra amor puro y duradero, amor á prueba de privaciones y contratiempos, y no la materia con sus prendas corporales que muchas veces es fuente de egoísmo, que no es verdadero amor, y menos amor cristiano. Éste es el que busca el bien de la persona amada y lo procura; si así se aman los esposos entre sí, viven dichosos en su estado. En nuestro trato con Jesús debemos todos imitar al santo Patriarca, juntando la confianza que nace del amor, con la veneración más profunda que es la hija del respeto; porque si es hermano nuestro por la carne, es por su persona divina nuestro Dios y soberano Dueño. Obrando de esta suerte ni nos apartará de él el temor, ni la familiaridad nos hará faltar el respeto que merece su infinita majestad. Él nos corresponderá con su amor y con sus divinas inspiraciones, que dulcificarán las amarguras del destierro y nos ayudarán á volar á la celeste patria.
Oración para el tercer día
Por el amor que tuvisteis á vuestra Inmaculada Esposa,
por la veneración que a sus virtudes tributasteis,
alcanzadme, Santo mío, que la honre
y la ame cual se merece.
No es posible ser veras devoto vuestro,
sin amar singularmente á la Madre del Señor.
Y pues sois también maestro muy experimentado
en amar al buen Jesús, guiadme por esta senda,
que lo es de vida verdadera, que llena nuestro corazón
y nos permite habitar en el suyo,
que es ya en este valle de lágrimas la antesala del paraíso.
Como en vuestros brazos contemplaron tantos al
divino Niño, que se complacía en llamaros padre,
tomadle otra vez, para que sostenido por Vos
no huya al verme tan miserable é indigno,
y para que le pueda acariciar con el afecto más puro
y más cordial. Tomad también mi corazón en vuestras manos,
y entregadlo á Jesús y á María para que nunca se entibie
en el amor que, á imitación vuestra, deseo profesarles,
y así mereceré vuestra protección y tendré
la dulce esperanza de gozar, juntamente con Vos,
de su santa compañia en la eterna bienaventuranza de la gloria.
Ahora pedirás al Santo la gracia o gracias que deseares alcanzar, y para más obligarle le rezarás siete Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patri en memoria y veneración de sus siete dolores y siete gozos.
Antifona
Este es el siervo fiel y prudente, á quien dió el Señor el gobierno de su familia.
V: Gloria y riqueza hay en su casa,
R: Y su justicia permanece de siglos en siglos.
Oración
Sean, Señor, en nuestra ayuda los méritos del esposo de vuestra santísma Madre, á fin de que por su intercesión se nos otorgue lo que á nosotros nos es imposible conseguir. Voz que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Así sea.
Día cuarto.
Acto de contrición
para todos los días
Señor mío Jesucristo, Criador, Padre y Redentor amorosísimo: postrado ante vuestra divina Majestad confieso humillado y confuso mis culpas y desvíos con que, ingrato y atrevido, me rebelé contra Vos, y villanamente ofendí vuestra infinita bondad. Pésame de todo corazón de haberos así disgutados e injuriado, cuando merecíais que os hubiese amado con todo el amor de mi alma y con todas mis fuerzas. Pésame por esa misma vuestra bondad infinita, injuriada y disgustada, pésame porque os amo sobre todas las cosas y por el infierno que merecí, donde no hubiera podido amaros. Perdonadme por vuestra misericordia infinita por el amor inmenso de vuestra dulcísimo corazón. Y Vos, abogado mío San José, alcanzadme el perdón de vuestro amado Jesús y gracia para cumplir el propósito que hago de no ofenderte más en adelante, cumpliendo con mis obligaciones de cristiano, mortificando mis apetitos y malas inclinaciones, y desgraviándole de las infidelidades de mi vida pecadora.
ORACIÓN
para todos los días
Glorioso Santo y poderosísimo Intercesor con Dios nuestro Señor,
que os encomendó en la tierra el cuidado de su Hijo muy amado en quien tiene todas sus complacencias, á quien sustentasteis con el trabajo de vuestras manos, salvasteis de la persecución de Herodes, amasteis y asististeis con la ternura y solicitud más exquisita, de quien fuistes honrado y enaltecido con las más exacta sumisión, y la más cordial obediencia y la más absoluta confianza, y correspondido con el agradecimiento, más filial y el cariño más puro y acendrado; permitid que venga hoy a ofreceros mis pobres obsequios, a meditar vuestras virtudes, á fortalecerme con vuestros ejemplos, aprendiendo en ellos á amar más y más al Señor, á regocijarme en vuestra gloria y á implorar vuestra protección en toda necesidad y singularmente en la última hora, á fin de que logre, después de una vida verdaderamente cristiana, la muerte preciosa del justo, que me lleve á la posesión eterna de mi Dios y Señor, en compañia vuestra en la bienaventuranza de la gloria, Así sea.
Del Interior de San José
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1. Toda la gloria de la hija del Rey está en su interior, con orlas de oro, recamanda de variadas galas. Así describe el Real Profeta la gloria y hermosura de las almas amantes de Dios; hijas de este Rey de reyes. En las orlas de oro podemos ver la caridad, reina de las virtudes, y éstas-súbditas suyas-en las variadas galas que adornan á la hija del Señor. ¡Qué hermoso debió de ser el interior de José! De allí salió la gloria con que resplandeció tan agraciado á los divinos ojos que ven lo más íntimo del alma; con los continuos riegos de la gracia iban brotando y creciendo en su corazón las más preciosas virtudes; humildad y pobreza, castidad, obediencia, mortificación, mansedumbre, piedad, contemplación, laboriosidad, paciencia, conformidad con la voluntad divina y cuantas otras pueden embellecer el alma con verdadera hermosura, y á todas ellas estimulaba y daba mayor realce, y atractivo la caridad más encendida, que es la que más que ninguna une al hombre con su Dios. El Padre le amaba por el esmero y cariño con que cuidaba a su Hijo; el Hijo por lo mucho que á su Madre quería y ayudaba, y el Espíritu Santo por las delicadísimas atenciones y la veneración amorosa con que trataba á su divina Esposa: todas las tres Personas de la Trinidad beatísima descansaban y se deleitaban en el corazón del Santo, por verle tan aventajado en toda clase de virtudes. Y ¡Cuánto no crecieron éstas con las dulces y fecundas influencias de los santísimos ejemplos y fervorosísimas oraciones de Jesús y de María! Bien podemos decir del corazón de José lo que dice de la esposa del esposo de los Cantares, que era huerto cerrado, dotado de una fuente sellada, donde crecían los naranjos cargados de frutos, junto al nardo de Chipre y á los frutos de los manzanos; done el asafrán, el cinamomo, los árboles todos del Líbano, el sándalo y la mirra exhalan los más dulces perfumes.
2. Obligación es de todos los cristianos cultivar su alma y corazón de modo que sean morada de virtudes y buenos sentimientos. Nada ha de haber en nuestro interior que pueda disgustar á Dios, que todo lo escudriña y ve cual es lo que aparece, á diferencia del hombre, que sólo ve lo exterior. Aun en medio de los negocios y ocupaciones de la vida podemos y debemos recogernos interiormente y allí, á sola con el divino Señor, escuchar sus inspiraciones, seguir sus impulsos, dejarnos llevar de la gracia que para bien obrar nos comunica, y tratar del negocio más importante, que es el de nuestra satisfación, que nos ha de alcanzar la salvacion eterna. Si no nos recogemos de vez en cuando de esta suerte; si nos dejamos arrastrar por las distracciones y agitaciones del mundo; si seguimos los impulsos de las pasiones excitadas por las cosas exteriores, entonces, por falta de vida interior-sin la cual es imposible la virtud sólida y duradera-nuestros días transcurrirán sin méritos buenos y cargados de méritos malos, que nos harán zozobrar y perdernos cuando entremos en el mar sin fondo y sin orilla de la eternidad.
Oración
Prendado de vuestra interior hermosura, oh José justo, vengo hoy á implorar vuestro poderoso valimiento para conseguir la gracia de imitar el cuidadoso esmero que pusisteís en adornar tan ricamente vuestra alma. Vos la convertisteis en jardín amenísimo, en huerto cerrado al enemigo, donde crecían y fructificaban las virtudes más variadas y exquisitas; mas ¡ay! yo debo exclamar cada vez que os contemplo: Señor, mi alma es para-Vos como tierra sin agua, estéril, improductiva, que sólo cria hierbas y malezas de defectos y vicios. Auxiliadme, Voz que me dais tan excelentes ejemplos; auxiliadme, bondadoso Patriarca, para que, como buen cultivador de la tierra de mi alma, arranque sin compasión todo cuanto la hace desagradable á los ojos del divino padre de familias, que me pedirá estrecha cuentas de lo que hubiese producido esta tierra que tantas veces ha regado con su gracia. Alcanzadme ardentísimo amor de Dios, que él solo bastará con sus divinas llamas á quemar todas las hierbas inútiles y malas que nacen de mi pereza y viciosas inclinaciones, y da vida y robustez á las plantas de mis flacas virtudes haciendo de mi interior una morada deliciosa para mi amantísimo Hacedor. Así sea.
Ahora pedirás al Santo la gracia o gracias que deseares alcanzar, y para más obligarle le rezarás siete Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patri en memoria y veneración de sus siete dolores y siete gozos.
Antifona
Este es el siervo fiel y prudente, á quien dió el Señor el gobierno de su familia.
V: Gloria y riqueza hay en su casa,
R: Y su justicia permanece de siglos en siglos.
Oración
Sean, Señor, en nuestra ayuda los méritos del esposo de vuestra santísma Madre, á fin de que por su intercesión se nos otorgue lo que á nosotros nos es imposible conseguir. Voz que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Así sea.
Día quinto.
Acto de contrición
para todos los días
Señor mío Jesucristo, Criador, Padre y Redentor amorosísimo: postrado ante vuestra divina Majestad confieso humillado y confuso mis culpas y desvíos con que, ingrato y atrevido, me rebelé contra Vos, y villanamente ofendí vuestra infinita bondad. Pésame de todo corazón de haberos así disgutados e injuriado, cuando merecíais que os hubiese amado con todo el amor de mi alma y con todas mis fuerzas. Pésame por esa misma vuestra bondad infinita, injuriada y disgustada, pésame porque os amo sobre todas las cosas y por el infierno que merecí, donde no hubiera podido amaros. Perdonadme por vuestra misericordia infinita por el amor inmenso de vuestra dulcísimo corazón. Y Vos, abogado mío San José, alcanzadme el perdón de vuestro amado Jesús y gracia para cumplir el propósito que hago de no ofenderte más en adelante, cumpliendo con mis obligaciones de cristiano, mortificando mis apetitos y malas inclinaciones, y desgraviándole de las infidelidades de mi vida pecadora.
ORACIÓN
para todos los días
Glorioso Santo y poderosísimo Intercesor con Dios nuestro Señor,
que os encomendó en la tierra el cuidado de su Hijo muy amado en quien tiene todas sus complacencias, á quien sustentasteis con el trabajo de vuestras manos, salvasteis de la persecución de Herodes, amasteis y asististeis con la ternura y solicitud más exquisita, de quien fuistes honrado y enaltecido con las más exacta sumisión, y la más cordial obediencia y la más absoluta confianza, y correspondido con el agradecimiento, más filial y el cariño más puro y acendrado; permitid que venga hoy a ofreceros mis pobres obsequios, a meditar vuestras virtudes, á fortalecerme con vuestros ejemplos, aprendiendo en ellos á amar más y más al Señor, á regocijarme en vuestra gloria y á implorar vuestra protección en toda necesidad y singularmente en la última hora, á fin de que logre, después de una vida verdaderamente cristiana, la muerte preciosa del justo, que me lleve á la posesión eterna de mi Dios y Señor, en compañia vuestra en la bienaventuranza de la gloria, Así sea.
Del exterior de San José

1. ¨José, dice San Bernardino de Sena, fue formado á imagen de María su esposa¨, á lo que añade Gersón: ¨La cara de Jesús era parecida á la de José.¨ Creen muchos escritores eclesiásticos qeu el privilegiado Patriarca, superior á los demás hombres en la hermosura y prendas del alma y corazón, los aventajó asimismo en belleza corporal. Todo eso, acompañado de gran modestia y naturalidad en el porte y el semblante, hubo de darle un aspecto sumamente agraciado y venerable. Y si bien es cierto que no siempre el exterior del hombre revela el interior, no obstante, cuando no se finge ó no se opone algún defecto físico, es regla general que el aspecto, sobre todo el del rostro, anuncia lo que hay en el alma; y sabido es con cuánta razón se llama espejo del alma á la cara y en particular a los ojos. La misma Sagrada Escritura nos lo enseña cuando aun al simple modo de andar lo llama revelador de lo que es el hombre. ¿Cuál sería el exterior de José siendo tan hermosa su alma? ¡Oh! ¡quién hubiese podido contemplar aquellos ojos de cielo transparentando la sobrehumana paz de su corazón! ¡aquella angelical sonrisa, aquella moderación en sus movimientos, aquella mezcla de gravedad y dulzura, de humildad y confianza, aquellas maneras amables y sencillas, con que se ganaba todos los corazones, que deseaban imitar las virtudes que admiraban en él! ¡Oh! ¡quién hubiese podido oir sus conversaciones siempre discretas, oportunas y edificantes, sin vanidad, chismosidad ni murmuración!
2. Buen olor de Cristo somos en todo lugar, nos dice el Apóstol. Y es porque á la belleza del alma y corazón hemos de juntar la de un buen exterior, que despida el precioso perfume de Jesucristo para atraer á su amor á cuantos nos vean y observen, que son muchas más de lo que nos figuramos. Nuestras miradas, gestos, movimientos, palabras y maneras, los mismos vestidos y todo lo que forma nuestro exterior, ha de estar conforme con nuestra altísima dignidad de hijos de Dios por ser cristianos. Debemos ser perfectos por completo interior y exteriormente. Pensemos que de nada nos servirá llevar un nombre tan honroso si lo desmintiéramos y afrentáramos con nuestra conducta, con miradas libres, con palabras altaneras, inmodestas ó indicretas, con acciones ó movimientos groseros ó inmoderados, con un exterior falto de aquella amable gravedad y modestia digna, que son la señal del respeto que debe infundirnos la presencia de Dios, en que vivimos, y el amor al bien de prójimo, á quien debemos edificar con el ejemplo, cono nos lo manda Dios.
Oración
Muchas veces, Señor, he debido llorar por mi conducta indigna, pues en lugar de resplandecer á la vista de los demás por más buenas obras, para que el buen ejemplo los moviese á imitarlas y á glorificaros á Vos. Padre celestial, he sido para ellos ocasión de ruina y piedra de tropiezo por el escándolo de las malas obras que han visto en mí ó de las palabras menos buenas que me han oído proferir. ¡Así he cumplido con el precepto de edificar á mis hermanos, á estos prójimos que á cada cual encomendasteis! ¡Dios mío! ¡ Que ignorancia! ¡Que miseria! Perdonadme, Señor, que ya vengo contrito y deseoso de difundir por doquiera el buen olor de las virtudes y la luz de una vida cristiana, como Vos queréis, á fin de atraer á vuestro amor á sus hermanos extraviados, y mantener en él á los que dichosamente se aman y, como ovejas dóciles, oyen vuestra voz y os siguen. Pongo por mediador al glorioso Patriarca, que con sus buenos ejemplos á todos enseñaba la virtud y el amor divino que la nutre y fortalece, y os pido la gracia de ser en adelante con mi conducta exterior misionero elocuente de tan celestial y escogido amor. Asi sea.
Ahora pedirás al Santo la gracia o gracias que deseares alcanzar, y para más obligarle le rezarás siete Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patri en memoria y veneración de sus siete dolores y siete gozos.
Antifona
Este es el siervo fiel y prudente, á quien dió el Señor el gobierno de su familia.
V: Gloria y riqueza hay en su casa,
R: Y su justicia permanece de siglos en siglos.
Oración
Sean, Señor, en nuestra ayuda los méritos del esposo de vuestra santísma Madre, á fin de que por su intercesión se nos otorgue lo que á nosotros nos es imposible conseguir. Voz que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Así sea.
Día sexto.
Acto de contrición
para todos los días
Señor mío Jesucristo, Criador, Padre y Redentor amorosísimo: postrado ante vuestra divina Majestad confieso humillado y confuso mis culpas y desvíos con que, ingrato y atrevido, me rebelé contra Vos, y villanamente ofendí vuestra infinita bondad. Pésame de todo corazón de haberos así disgutados e injuriado, cuando merecíais que os hubiese amado con todo el amor de mi alma y con todas mis fuerzas. Pésame por esa misma vuestra bondad infinita, injuriada y disgustada, pésame porque os amo sobre todas las cosas y por el infierno que merecí, donde no hubiera podido amaros. Perdonadme por vuestra misericordia infinita por el amor inmenso de vuestra dulcísimo corazón. Y Vos, abogado mío San José, alcanzadme el perdón de vuestro amado Jesús y gracia para cumplir el propósito que hago de no ofenderte más en adelante, cumpliendo con mis obligaciones de cristiano, mortificando mis apetitos y malas inclinaciones, y desgraviándole de las infidelidades de mi vida pecadora.
ORACIÓN
para todos los días
Glorioso Santo y poderosísimo Intercesor con Dios nuestro Señor,
que os encomendó en la tierra el cuidado de su Hijo muy amado en quien tiene todas sus complacencias, á quien sustentasteis con el trabajo de vuestras manos, salvasteis de la persecución de Herodes, amasteis y asististeis con la ternura y solicitud más exquisita, de quien fuistes honrado y enaltecido con las más exacta sumisión, y la más cordial obediencia y la más absoluta confianza, y correspondido con el agradecimiento, más filial y el cariño más puro y acendrado; permitid que venga hoy a ofreceros mis pobres obsequios, a meditar vuestras virtudes, á fortalecerme con vuestros ejemplos, aprendiendo en ellos á amar más y más al Señor, á regocijarme en vuestra gloria y á implorar vuestra protección en toda necesidad y singularmente en la última hora, á fin de que logre, después de una vida verdaderamente cristiana, la muerte preciosa del justo, que me lleve á la posesión eterna de mi Dios y Señor, en compañia vuestra en la bienaventuranza de la gloria, Así sea.
Del Celo de San José

- Una de las virtudes que mejor caracterizan á los verdaderos amantes del Señor, es la del celo. El celo es la llama del fuego de la caridad: con ésta amamos á Dios y al prójimo por Dios; con el celo deseamos que todos amen á Dios y trabajamos para hacerle amar. ¨Quien no tiene celo, no ama¨dice San Agustín, Calculemos, pues, cuál sería el celo de San José: fué el mayor después del celo de María, porque después de María nadie amó á Dios tanto como él. De ahí que deseará con tan vivas ansias la venidad del Redentor, que debía alumbrar á los que estaban sumidos en las tinieblas y en la sombra de la muerte, encender en tantos corazones el fuego del amor divino, y fundar la Iglesia Santa para gloria de Dios y salvación de las almas. Triste por los escándolos, por la impiedad y corrupción que manchaba la ciudad santa de Jerusalén, sale de ella después de su matrimonio con María y se retira á Nazaret para pedir al Señor lo que le pidió toda si vida: el acrecentamiento de su gloria en la tierra, la conversión del mundo, la salvación de todos los hombres. Su celo va aumentando con su íntimo trato con María, tan celosa de la divina gloria, y con Jesús, que había venido expresamente á prender en la tierra el fuego del amor divino con que deseaba abrasarla. Oraciones, gemidos, conversaciones, obras, todo lo encamina á propagar el reino de Dios, á hacer que los hombres conozcan y amen á Jesús, que les ha de enseñar á amar a Dios. De Jesús y su misión habla á judiós y a extranjeros, y, como afirma San Hilario, es su primer apóstol y predicador, precursor y figura de los apóstoles y operarios evangélicos que habían de predicar más tarde la fe á judíos y gentiles.
- Con la oración, los buenos ejemplos y nuestros actos todos, podemos celar la gloria del Señor. Si no lo hiciéramos, sería muy pobre nuestro amo. Es un error creer que el celo es propio y exclusivo de los sacerdotes: que ellos deben tener más celo de la divina gloria y de la salvación de las almas, cierto es, pero lo es también que los demás están obligados a tener ese celo, porque están obligados á amar a Dios y al prójimo. José no era sacerdote, ni de la tribu sacerdotal; el es el ejemplar en que pueden aprender el celo los que no son sacerdotes. ¿No es Dios el Padre de todos los hombres, eclesiásticos y seglares? ¿no son unos y otros hermanos entre si? ¿quién será el hijo que querrá ser digno de este nombre tan honoroso y no celerá la honra y gloria de su padre? ¿Quién el hermano que no mirará por el bien de sus hermanos? Como deseamos y procuramos la honra y bienestar de nuestros padres y hermanos carnales, y los defendemos, y en su favor trabajamos al verlos atacados, despreciados ó en peligro, porque los amamos; así debemos celar los divinos intereses de nuestro Padre celestial y los bienes espirituales de nuestros hermanos según Dios, siempre que los veamos en peligro, como debemos también promoverlos y favorecerlos en todo tiempo.
Ahora pedirás al Santo la gracia o gracias que deseares alcanzar, y para más obligarle le rezarás siete Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patri en memoria y veneración de sus siete dolores y siete gozos.
Antifona
Este es el siervo fiel y prudente, á quien dió el Señor el gobierno de su familia.
V: Gloria y riqueza hay en su casa,
R: Y su justicia permanece de siglos en siglos.
Oración
Sean, Señor, en nuestra ayuda los méritos del esposo de vuestra santísma Madre, á fin de que por su intercesión se nos otorgue lo que á nosotros nos es imposible conseguir. Voz que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Así sea.
Día séptimo.
Acto de contrición
para todos los días
Señor mío Jesucristo, Criador, Padre y Redentor amorosísimo: postrado ante vuestra divina Majestad confieso humillado y confuso mis culpas y desvíos con que, ingrato y atrevido, me rebelé contra Vos, y villanamente ofendí vuestra infinita bondad. Pésame de todo corazón de haberos así disgutados e injuriado, cuando merecíais que os hubiese amado con todo el amor de mi alma y con todas mis fuerzas. Pésame por esa misma vuestra bondad infinita, injuriada y disgustada, pésame porque os amo sobre todas las cosas y por el infierno que merecí, donde no hubiera podido amaros. Perdonadme por vuestra misericordia infinita por el amor inmenso de vuestra dulcísimo corazón. Y Vos, abogado mío San José, alcanzadme el perdón de vuestro amado Jesús y gracia para cumplir el propósito que hago de no ofenderte más en adelante, cumpliendo con mis obligaciones de cristiano, mortificando mis apetitos y malas inclinaciones, y desgraviándole de las infidelidades de mi vida pecadora..
ORACIÓN
para todos los días
Glorioso Santo y poderosísimo Intercesor con Dios nuestro Señor,
que os encomendó en la tierra el cuidado de su Hijo muy amado en quien tiene todas sus complacencias, á quien sustentasteis con el trabajo de vuestras manos, salvasteis de la persecución de Herodes, amasteis y asististeis con la ternura y solicitud más exquisita, de quien fuistes honrado y enaltecido con las más exacta sumisión, y la más cordial obediencia y la más absoluta confianza, y correspondido con el agradecimiento, más filial y el cariño más puro y acendrado; permitid que venga hoy a ofreceros mis pobres obsequios, a meditar vuestras virtudes, á fortalecerme con vuestros ejemplos, aprendiendo en ellos á amar más y más al Señor, á regocijarme en vuestra gloria y á implorar vuestra protección en toda necesidad y singularmente en la última hora, á fin de que logre, después de una vida verdaderamente cristiana, la muerte preciosa del justo, que me lleve á la posesión eterna de mi Dios y Señor, en compañia vuestra en la bienaventuranza de la gloria, Así sea.
De la muerte de San José

1. Preciosa a los ojos del Señor es la muerte de sus Santos. ¿Cuál sería la de José, el mayor de ellos después de María, asistido del Santo de los Santos, el divino Jesús? Su alma enajenada experimentaba el dulcisímo consuelo de las muchas virtudes de su vida exenta del menor pecado. Jesús y María le sonreían sosteniendo su lánguida cabeza con sus santísimas manos; ¡que acogida, pues, esperaría al salir de este mundo de miserias á aquella alma que jamás se contaminó con ellas, á aquella alma que volaba á la eternidad apoyándose en los brazos de todo un Dios y de su divina Madre! ¡Oh muerte de José, sueño angelical, bendita y alabada seas! José halló en la muerte ¨el fin de los trabajos, la consumación de la victoria, la puerta de la vida¨, como llama San Bernardo á la muerte del justo. Mejor que el grande Apóstol pudo decir, He consumado mi carrera, he guardado la fe. Pudo ver en derredor de su lecho coros de ángeles que, mostrándole en santa visión la corona que le tenía Dios reservada, iban cantando: Bienaventurados los que mueren en el Señor: Y pues tan bien había cumplido según la voluntad de Dios como esposo de María y padre putativo de Jesús, ¨¡ con cuántos consuelos, con cuántas promesas, con cuántas inspiraciones, con cuántos incendios de amor, con cuántas revelaciones de los bienes eternos le regalarían en su tránsito¨ aquella Esposa y aquel Hijo divino! exclama San Bernardo.
2. -Dicha grande es la buena muerte, sin la cual de nada nos hubiera servido venir al mundo; y esta dicha es gracia especial que alcanza el Santo á sus devotos, por haber tenido la satisfacción de morir en las mejores condiciones, en brazos de Jesús y María, y por haber librado al divino Niño de una muerte cruel, sustrayéndole á la persecución de Herodes. Y la experiencia de todos los días viene constantemente comprobado tan consolodora verdad, mostrándonos cómo anima San José en aquel trance á sus devotos, los ayuda en las últimas luchas con el infierno, les dulcifica aquellos terribles momentos y los santifica aun con las gracias de amor y misericordia que les alcanza del Señor. Invoquémosles confiando para que nos asista en aquella hora, é imploremos siempre su protección para los enfermos que veamos ó sepamos hallarse próximo á morir, suplicándole que á todos nos alcance entregar el alma á Dios fortalecidos con las bendiciones de Jesús y de María é invocando tan dulcísimos nombres juntamente con el suyo, que tanto vale siempre y en particular al morir.
Ahora pedirás al Santo la gracia o gracias que deseares alcanzar, y para más obligarle le rezarás siete Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patri en memoria y veneración de sus siete dolores y siete gozos.
Antifona
Este es el siervo fiel y prudente, á quien dió el Señor el gobierno de su familia.
V: Gloria y riqueza hay en su casa,
R: Y su justicia permanece de siglos en siglos.
Oración
Sean, Señor, en nuestra ayuda los méritos del esposo de vuestra santísma Madre, á fin de que por su intercesión se nos otorgue lo que á nosotros nos es imposible conseguir. Voz que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Así sea.
Día octavo.
Acto de contrición
para todos los días
Señor mío Jesucristo, Criador, Padre y Redentor amorosísimo: postrado ante vuestra divina Majestad confieso humillado y confuso mis culpas y desvíos con que, ingrato y atrevido, me rebelé contra Vos, y villanamente ofendí vuestra infinita bondad. Pésame de todo corazón de haberos así disgutados e injuriado, cuando merecíais que os hubiese amado con todo el amor de mi alma y con todas mis fuerzas. Pésame por esa misma vuestra bondad infinita, injuriada y disgustada, pésame porque os amo sobre todas las cosas y por el infierno que merecí, donde no hubiera podido amaros. Perdonadme por vuestra misericordia infinita por el amor inmenso de vuestra dulcísimo corazón. Y Vos, abogado mío San José, alcanzadme el perdón de vuestro amado Jesús y gracia para cumplir el propósito que hago de no ofenderte más en adelante, cumpliendo con mis obligaciones de cristiano, mortificando mis apetitos y malas inclinaciones, y desgraviándole de las infidelidades de mi vida pecadora.
ORACIÓN
para todos los días
Glorioso Santo y poderosísimo Intercesor con Dios nuestro Señor,
que os encomendó en la tierra el cuidado de su Hijo muy amado en quien tiene todas sus complacencias, á quien sustentasteis con el trabajo de vuestras manos, salvasteis de la persecución de Herodes, amasteis y asististeis con la ternura y solicitud más exquisita, de quien fuistes honrado y enaltecido con las más exacta sumisión, y la más cordial obediencia y la más absoluta confianza, y correspondido con el agradecimiento, más filial y el cariño más puro y acendrado; permitid que venga hoy a ofreceros mis pobres obsequios, a meditar vuestras virtudes, á fortalecerme con vuestros ejemplos, aprendiendo en ellos á amar más y más al Señor, á regocijarme en vuestra gloria y á implorar vuestra protección en toda necesidad y singularmente en la última hora, á fin de que logre, después de una vida verdaderamente cristiana, la muerte preciosa del justo, que me lleve á la posesión eterna de mi Dios y Señor, en compañia vuestra en la bienaventuranza de la gloria, Así sea.
De la gloria de San José

1. Cuando Jesucristo, triunfador de la muerte, del pecado y del infierno, subió á recibir la gloria que había conquistado con su pasión y muerte, iba al frente de innumerables cohorte de santos que le seguían, el más ilustre de todos aquellos dichosos predestinados, el Patriarca San José. ¡Cómo le diría Jesús al acogerle en las eternas mansiones: Alegraos, siervo bueno y fiel: entrad en el gozo de vuestro Señor; venid bendito de mi Padre a tomar posesión del reino que os tengo preparado desde el principio del mundo; venid, padre mío, porque desnudo estaba y me vestisteís, tuve hambre y me disteís de comer, tuve sed y me disteís de beber, baje como huésped á la tierra y me acogisteis en vuestra casa! El ojo no vió, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre no penetró lo que tiene Dios preparado para los que le aman, dijo el Apóstol después de haber sido transportado al tercer cielo. ¡Cuál será pues, la gloria de José, el más fervoroso amante del Señor después de la Virgen! ¡Cómo le colmará allá de delicias Aquel que quiso servile y obedecerle acá en la tierra! ¡Cómo le pagará sin tasa las privaciones y sufrimientos que se impuso para cuidar de El con solicitud y cariño! ¡Con que resplandores de gloria brillará, además del alma, el cuerpo de José! ¡Sus ojos al contemplar el Verbo encarnado! ¡Su rostro, tantas veces besado, su cuello, tantas veces abrazado por Jesús! ¡ Sus labios, que se juntaron con los del divino Hijo! ¡ Sus manos, que tantes veces le tocaron y se encallecieron trabajando para sustentarle! ¡ Sus pies, que tanto se cansaron para ponerle en salvo! Allá en el cielo ciñe la triple corona del matrimonio, de la virginidad y paternidad; allá es su gloria tan grande que todos los santos y ángeles le honran y veneran, y aun María y Jesús mismo le prodigan sus atenciones y respeto.
2. Por haber sido fiel custodio de su Señor fué glorificado San José, cumpliéndose la promesa del Espiritu Santo: á lo mísmo, aunque en mucho menor grado, podemos y debemos aspirar nosotros. Custodios, defensores y protectores podemos y debemos ser de nuestro Señor, y lo somos cuando tenemos celo de su honra y gloria, y del bien de las almas de los prójimos, que mira como suyos; cuando defendemos su religión y su fe; cuando no permitimos que se hable mal de Dios, ni de nuestros hermanos; cuando damos buenos consejos y ejemplos, y oramos y trabajamos para hacer volver al buen camino á los extraviados; cuando procuramos conservar la gracia y amistad divina en el alma, evitando todo pecado: todo esto nos hará merecer gloria muy grande, que no faltará jamás, á diferencia de la mundana gloria, que aquí se queda y que haciendo á muchos olvidarse de lo eterno los lleva á lal eterna perdición.
Ahora pedirás al Santo la gracia o gracias que deseares alcanzar, y para más obligarle le rezarás siete Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patri en memoria y veneración de sus siete dolores y siete gozos.
Antifona
Este es el siervo fiel y prudente, á quien dió el Señor el gobierno de su familia.
V: Gloria y riqueza hay en su casa,
R: Y su justicia permanece de siglos en siglos.
Oración
Sean, Señor, en nuestra ayuda los méritos del esposo de vuestra santísma Madre, á fin de que por su intercesión se nos otorgue lo que á nosotros nos es imposible conseguir. Voz que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Así sea.
Día noveno.
Acto de contrición
para todos los días
Señor mío Jesucristo, Criador, Padre y Redentor amorosísimo: postrado ante vuestra divina Majestad confieso humillado y confuso mis culpas y desvíos con que, ingrato y atrevido, me rebelé contra Vos, y villanamente ofendí vuestra infinita bondad. Pésame de todo corazón de heberos así disgutados e injuriado, cuando merecíais que os hubiese amado con todo el amor de mi alma y con todas mis fuerzas. Pésame por esa misma vuestra bondad infinita, injuriada y disgustada, pésame porque os amo sobre todas las cosas y por el infierno que merecí, donde no hubiera podido amaros. Perdonadme por vuestra misericordia infinita por el amor inmenso de vuestra dulcísimo corazón. Y Vos, abogado mío San José, alcanzadme el perdón de vuestro amado Jesús y gracia para cumplir el propósito que hago de no ofenderte más en adelanta, cumpliendo con mis obligaciones de cristiano, mortificando mis apetitos y malas inclinaciones, y desgraviándole de las infidelidades de mi vida pecadora.
ORACIÓN
para todos los días
Glorioso Santo y poderosísimo Intercesor con Dios nuestro Señor,
que os encomendó en la tierra el cuidado de su Hijo muy amado en quien tiene todas sus complacencias, á quien sustentasteis con el trabajo de vuestras manos, salvasteis de la persecución de Herodes, amasteis y asististeis con la ternura y solicitud más exquisita, de quien fuistes honrado y enaltecido con las más exacta sumisión, y la más cordial obediencia y la más absoluta confianza, y correspondido con el agradecimiento, más filial y el cariño más puro y acendrado; permitid que venga hoy a ofreceros mis pobres obsequios, a meditar vuestras virtudes, á fortalecerme con vuestros ejemplos, aprendiendo en ellos á amar más y más al Señor, á regocijarme en vuestra gloria y á implorar vuestra protección en toda necesidad y singularmente en la última hora, á fin de que logre, después de una vida verdaderamente cristiana, la muerte preciosa del justo, que me lleve á la posesión eterna de mi Dios y Señor, en compañia vuestra en la bienaventuranza de la gloria, Así sea.
Del Patrocinio de San José

1. Tomad á José por vuestro primer patrón, decía Gersón, el sabio y piadoso canciller. Después de Jesús y María ningún santo disfruta de poder tan grande como José. ¨En gracia y bienaventuranza supera á todos los santos¨ en opinión de Suárez. Jesús aun le llama padre en el cielo, y María esposo, y ambos miran como mandatos sus peticiones. Es el primer santo canonizado, y lo fue por el mismo Espíritu Santo en el sagrado Evangelio. Siendo esposo de María nuestra Madre, podemos llamarle padre nuestro. Destinóle Dios á proteger en la tierra con sus cuidados y fatigas á la sagrada Familia, cuya cabeza le constituyó, y quiere que desde el cielo cuide de la gran familia cristiana, que es la Iglesia de Jesucristo. Así lo ha comprendido esta sociedad divina, enseñándonos por boca de sus Padres y Doctores, nuestros maestros en la fe, que así como el Faraón de Egipto hizo á José, hijo de Jacob, superintendente de sus tesoros y dispensador de sus gracias, diciendo á sus vasallos: Id á José; así también el Rey de cielo y tierra confió la dispensación de sus favores y beneficio á su amado San José, que con solicitud tan esmerada supo cuidar de Jesús y María, sus tesoros más valiosos; y por esto dice á todos los que quieran alcanzar las divinas mercedes: Id a José. Así lo comprendió el gran márir de corazones Pio IX, al proclamarle en los días más calamitosos que ha visto la santa Iglesia, su patrón universal, es decir, en todo y para todo sin excepciones ni reserva. Y así debiía de ser, pues si los santos tienen poder y valimiento en proporción de sus méritos y santidad, ¿qué santo hay, después de María, que pueda tener valimiento y protección como José?
2. Sabemos cuánto nos ama el bondadoso Patriarca, y cuándo desea nuestra salvación: teniendo poder tan grande, ¡ cuán grande deberá de ser nuestra confianza en su alto patrocinio y protección! Posee el tesoro de todas las virtudes: así nos alcanzará fe viva; animará con la esperanza nuestra alma; avivará el amor divino en nuestro corazón; humilde, obediente, casto, paciente y obrador de toda clase de buenas obras, nos alcanzará que sepamos imitarle. Cualquiera que fuere el apuro o aflicción en que nos halláremos, José nos hará salir en bien en todo. Jamás un devoto suyo llamó en vano á la puerta de su corazón. Es tan grande su ternura que cualquier pena le conmueve; su amor es tan desinteresado, que desea como suyo nuestro bien y se complace en alcanzárnoslo. Á José y María entregó Jesús las llaves del paraíso; seamos devotos confiados, oremos sin cansarnos, y José nos abrirá las puertas.
Ahora pedirás al Santo la gracia o gracias que deseares alcanzar, y para más obligarle le rezarás siete Padrenuestros, Avemarías y Gloria Patri en memoria y veneración de sus siete dolores y siete gozos.
Antifona
Este es el siervo fiel y prudente, á quien dió el Señor el gobierno de su familia.
V: Gloria y riqueza hay en su casa,
R: Y su justicia permanece de siglos en siglos.
Oración
Sean, Señor, en nuestra ayuda los méritos del esposo de vuestra santísma Madre, á fin de que por su intercesión se nos otorgue lo que á nosotros nos es imposible conseguir. Voz que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Así sea.