Ignórase el día cierto del año en que murió San José: fundados quizás en alguna revelación privada dicen algunos autores que murió en 21 de julio; siguiendo la sentencia, podrá comenzar el septenario el día 14 de julio.
SEPTENARIO DE PREPARACIÖN
Acto de contrición
que se dirá todos los días
¡ Amantísimo Jesús, mi Dios, mi Redentor, mi Señor, mi único bien!
Postrado ante vuestra soberana Majestad, yo, el mayor pecador
y la criatura más ingrata, pido perdón por mis yerros,
con que infinitamente os he agraviado;
una y mil veces me pesa de haberos ofendido,
por ser Vos quien sois, tan digno de ser amado.
Propongo con todo mi corazón no ofenderos más,
enmendar mi vida, enfrentar mis apetitos y pasiones,
y apartarme de toda ocasión de pecado.
¡Ea! buen Jesús, amante Padre mío,
por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte,
por los de María Santísima, vuestra divina Madre
y Madre de los pecadores, y por los del Señor San José,
vuestro siervo y padre putativo,
concededme el perdón de mis pecados,
y la gracia de serviros con fidelidad hasta la muerte.
Amén.
Oración al Santo Patriarca
que varía todos los días.
Día primero
¡Santísimo, amabilísimo
y pacientísimo Patriarca Señor San José!
con el alma penetrada del intenso dolor
por el recuerdo de vuestras enfermedades,
penas y dolores, me acerco a vuestro lecho
para compadeceros y acompañaros.
¡Oh! siento la grave pena que angustiaría
vuestro corazón al veros sin salud
y sin fuerzas para seguir proporcionando á Jesús y á María,
con el afán y sudor de vuestro rostro,
el cotidiano sustento que de vuestras manos recibían.
Siento, José mío, la terrible angustia de vuestra alma
al considerar la santa tristeza que embarga el corazón
de vuestra castísima esposa, al veros postrado y padeciendo en vuestro lecho,
sometido a la ley del dolor, común á todos los mortales.
Pero me complazco del sumo gozo que sentiría vuestro elevado espíritu,
comprendiendo que, en tan duro padecer, se cumplía la voluntad de Jesús,
quién llenaba vuestro purísimo pecho de soberanos consuelos,
que recreaban y deleitaban vuestro amante corazón.
Por estos desconsuelos y gozos, os pedimos,
padre amorosísimo, que nos alcancéis del Señor
un odio mortal al pecado,
y un inmutable amor á Dios, para que así,
limpios de corazón y escudados
con vuestro patrocinio, consigamos nuestra salvación.
Amén.
Día Segundo
Purísimo, prudentísimo y pacientísimo Patriarca. Señor San José:
condolido de los trabajos y dolores anejos á vuestra última enfermedad,
me acerco á Vos para rendiros el fiel testimonio de mi dolorida compasión.
¡Cuánta sería la congoja de vuestro piadoso y tierno corazón al ver á María,
vuestra amadísima esposa, empeñada, día y noche, en el más asiduo trabajo,
para que nada os faltase en el sustento del cuerpo y alivio de vuestras dolencias!
Pero que regocijo del gozo que sentiría vuestra dichosa alma,
consolada con las dulces y amorosas palabras de María que os alentaba
á conformaros más y más con la voluntad del Señor,
no dudando que todo sucedía conforma á la disposiciones del Altísimo.
Por estos desconsuelos y gozos, os pedimos, padre amante,
nos alcancéis de Jesús tolerancia en los trabajos, paciencia en las enfermedades,
y en la última hora de nuestra vida nos dispenséis vuestra protección.
Amén.
La Salutación, etc., como el día primero.
Día Tercero
Castísimo, ejemplarísimo y pacientísimo Patriarca,
Señor San José: condolido de vuestras penas y padecimientos,
vengo á haceros fiel compañía, dolíendome de las angustias que,
con ejemplar y santa resignación, sufríais en vuestro lecho de dolor,
escondiéndolas en el silencio por no angustiar á vuestra inmaculada esposa.
Pero me regocijo del indecible gozo que sentías al veros cuidado y asistido gozo que
sentíais al veros cuidado y asistido de tan soberanos médicos,
Jesús y María, quienes con sus propias manos os suministraban
el alimento y las medicinas.
Por estos desconsuelos y regocijos os pedimos,
amantísimo padre, nos alcancéis del Señor invencible fortaleza
en todas las adversidades y trabajos;
y si estuviéramos enfermos por la culpa,
asistidnos con vuestro auxilio para que,
libres de peste tan maligna, recíbanos la salud de la gracia,
con la que nos hagamos dignos del dulce y delicioso
manjar de la Sagrada Eucaristía,
prede de nuestra felicidad eterna.
Amén.
La Salutación, etc., como el día primero.
Día Cuarto
Amabilísimo, nobilísimo y pacientísimo
Patriarca, Señor San José:
condolido de vuestras penas, dolores y amarguras,
vengo á visitaros.
Hacedme digno de tanta dicha,
y dadme un corazón capaz de sentir la pena
tristísima que afligía al vuestro,
al conocer que pronto os apartaríais de la amable
vista y compañia de Jesús y María,
dulce imán de vuestro pecho,
celestial anhelo de vuestros afectos
y centro único de vuestras delicias.
Pero me regocijo de sumo gozo con que pagabais
el tributo impuesto á los mortales,
singificando vuestra vida en aras
de la más ferviente caridad.
Por estos dolores y gozos,
os pedimos, padre amante, nos alcancéis del Señor
la gracia de que nuestros corazones estén desnudos de todo nocivo efecto,
y que sólo los ocupe el amor de Dios
en el tiempo y en la eternidad.
Amén.
La Salutación, etc., como el día primero.
Día Quinto
Fidelísimo, singularísimo y pacientísimo Patriarca,
Señor San José: condolido de vuestras angustias y dolores.
me acerco á Vos tributaros el homenaje de mi admiración
y reconocimiento.
Dadme lágrimas de verdadero dolor, al considerar
la Santa tristeza que embargaba vuestro corazón
al veros tan cercano á la muerte,
que sólo para Vos debía ser triste, por poneros
en la necesidad de despediros de vuestro amado
hijo Jesús y de vuestra excelsa esposa María.
¡Oh! ¡ y cuánto se enternecería vuestra nobilísima
alma al ver que la humildísima María,
postrada ante vuestro lecho, angustiada y llorosa,
os pedía la última bendición!
Pero me regocijo del gozo que sentiríais al oir
los inefables consuelos, las seguras promesas
y tiernas expresiones que, con voz dulce
y mirada amorosa, os dirigían vuestros
poderoso hijo Jesús y vuestra angelical esposa María.
Por estos dolores y gozos os pedimos,
padre amante, que santifiquéis las potencias de
nuestra alma, para que empleándola en el
servicio de Dios, sólo nos acordemos de
Jesús, María y José; sólo pensemos en Jesús, María y José;
y sólo amemos á Jesús, María y José.
Amén.
La Salutación, etc., como el día primero.
Día Sexto
La Salutación, etc., como el día primero.
Benegnísimo, obedientísimo y pacientísimo Patriarca,
Señor San José: condolido de vuestras angustias, dolores y fatigas,
me acerco á vuestra excelsa persona á haceros esta visita.
Bien conozco que no soy digno de gozar de tan alta dicha,
ni merezco ser participante del sumo dolor que afligía á vuestro corazón,
viéndose ya en las últimas agonías, y desgarrado con la idea de dejar
solo, abandonados y huérfanos en el mundo á Jesús y María,
y próximos tal vez los días en que debían multiplicarse
las sangrientas escenas profetizadas por Simeón.
¡Oh que dolor ! ¡ que angustia! ¡ que mortal desconsuelo!
Pero me regocijo de la imponderable dicha que deleitó vuestra alma,
cuando en un rapto sublime podemos creer que gozó de la divina
Escencia y fué ciertamente designada para que,
como Precursos de Cristo, anunciase á los santos del Limbo
los consuelos de la próxima redención.
Por estos dolores y gozos, os pedimos, padre amante,
que nos asistáis en la hora de nuestra agonía,
para que con incesante fervor invoquemos
los dulcísimos nombres de Jesús, María y José:
invocación que ahuyentando los demonios,
nos llene de paz y de gloria.
Amén.
Día Séptimo
Humildísimo, santísimo y pacientísimo Patriarca,
Señor San José: condolido de vuestra agonía y muerte,
vengo á ungir con lágrimas de amor vuestros santos despojos.
¡Quién pudiera acompañarnos á sentir la grave pena que afligía
vuestra alma al separarse de vuestro castísimo cuerpo,
dejando la muy amable compañía de Jesús y María!
Pero alcanzadme abundantes lágrimas pra llorar mis culpas,
y las penas que sufristeis en vuestra enfermedad y agonía.
Haced también que celebre yo cordial alegría el gozo de vuestro
tránsito feliz, la paz y dulzura con que por fin entregasteis
vuestro espíritu en las manos de Jesús y María.
!Ea! poderosísimo protector de los moribundos, en vuestras manos
pongo mi alma, mi vida, y mi corazón;
y desde ahora para cuando llegue mi último instante,
os elijo para mi especial abogado y protector.
No permitáis, Santo mío, que en trance tan terrible perezca
mi pobre alma; vuestra es, á Vos la entrego.
Oid benigno, atendedme amoroso y asistidme caritativo en
aquella hora, acompañado de Jesús y María,
cuyos dulcísimos nombres, con el vuestro.
invoque incesantemente, cuando no pudiere con la boca,
al menos con el corazón.
Sí: espero que mi alma, guardada y protegida por Vos
y amparada por María, será absuelta y perdonada por la dividna
clemencia y llamada goce de la eterna felicidad.
Amén.
La Salutación, etc., como el día primero.
Salutaciones a los Castísimos Esposos
oración para todos los días
Dios te salve; María Santísima, Hija de Dios Padre;
Dios te salve, Santisimo José, Hijo predilecto del mismo Dios.
Ave, etc.
Dios te Salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo;
Dios te salve, Santísimo José, padre putativo del mismo Hijo de Dios.
Ave, etc.
Dios te Salve, María Santísima, esposa del Espíritu Santo;
Dios te salve, Santísimo José, dignisimo esposo de esta misma Virgen.
Ave, etc.
Oración a María Santísima
¡Soberana Emperatriz de todo lo criado, María Santísima, Hija del Eterno Padre,
Madre del humanado Verbo, Esposa del Espíritu Santo,
Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad
y purísima Esposa del castísimo Patriarca Señor San José!
siento la grave pena y tormento que afligieron vuestro piadoso
y tierno corazón, al ver padecer dolores, penas y enfermedades
á vuestro amadísimo esposo el Señor San José,
en especial aquella última que le hizo rendir su espíritu
en vuestras manos y en las de Jesús, mi Redentor.
Pero me regocijo por el imponderable gozo que sentiría
vuestra alma al ver que se cumplía la voluntad de Dios,
acrisolando el elevado espíritu del Señor San José,
para que añadiese á la corona de la virgen la no menos brillante de mártir,
y junto con la singular aureola, que no tiene semejante en proporcionando á Jesús y á María,
con el afán y sudor en el cielo,
de esposo vuestro y padre nutricio de Jesús,
fuese en la gloria elavado así á un trono especial
no muy lejos del vuestro y del vuestro Hijo.
Alcanzadme, poderosísima Señora,
el que yo pueda vivir y morir en amistad y gracia de vuestro Hijo.
Amén.
DIA DEL TRÁNSITO 14 DE JULIO
CONSIDERACIÓN
La vida de San José fue una hermosísima cadena de singulares dones y privilegios, que comienzan en la eternidad con su admirable predistinación para tan alta santidad y gloria; pero si los eslabones de aquella cadena fueron preciosísimos, preciosísimo remante y corona de tantos privilegios fué su muerte gloriosísima. El solo entre los hombres murió asistido por una mujer que era esposa suya a la par que madre de su Dios, y por um hombre que siendo Dios, bajado del cielo por el, para redimirle y santificarle, hacia él oficio de único y queridísimo hijo. Consideremos, pues, las dulzuras y consuelo que experimentó San José en aquella última hora; las íntimas relaciones, únicas en su género, que él solo podía tener con Jesús y con María; la íntima convicción de haber guardado fielmente el depósito sagrado que Dios confió á sus cuidados, como esposo y padre; la parte segurísima que había tenido en cooperar al gran consejo del Eterno sobre la humana reparación; el poder decir con toda confianza en aquel momento supremo, dirigiéndose al Señor; ¨Yo os he glorificado en la tierra, tengo acabada la obra cuya ejecución me encomendasteis¨ Y al ver á un lado de su lecho al Redentor y al otro á la Corredentora del mundo, ¡ah! ¡de qué abundancia de alegría, de que contento, de que júbilo debió sentirse inundado el corazón de José en aquellos momentos!...Vencidas hubieron de quedar allí la tristeza, el dolor y el llanto. El Santo Patriarca sabía que debía estar poco tiempo en el seno de Abrahán, esperando al divino Hijo vencedor de la muerte; y Éste le encargaba que fuese allí antes de él, para anunciar, como precursor, que se acercaba el Reino de Dios. Y parece que le diría Jesús: ¨Id, oh amadísimo padre mío: id, porque aquí en la tierra ya habéis cumplido vuestra misíón; id por poco tiempo al seno de Abrahán y decid á las almas de todos los justos que alli me esperan ya hace tantos siglos: Alzad vuestras cabezas y animaos, porque se acerca vuestra redención.¨ Y habiendo el glorioso San José dirigido su última mirada á Jesús y á María, y como una lámpara que al apagarse despide una luz más viva, exhalando de lo más íntimo de su corazón un ardiente y amoroso suspiro, entregó su hermosa alma en las manos de su Criador. ¡Oh felicísimo y bienaventurado José, canta la Iglesia, que fuisteis asistido en vuestros últimos momentos por Jesús y María! ¡Oh! ¡cuán preciosa y agradable es la muerte después de una vida santa!
He aquí como murió el glorioso San José, el hombre justo por excelencia. Si la muerte de los santos, según el oráculo del Espíritu Santo, es preciosa a los ojos del Señor, sin duda había de ser preciosísima la de San José, porque fué singularmente santo entre los santos y porque su vida fué preciosa á los ojos de Dios, como lo era en los de Jesús y María. Pero ¿cuál será nuestra muerte? ¡Oh pensamiento terrible! La muerte de San José fue enteramente conforma á su vida; y como ésta fue santa, santa fué aquélla. Verdad muy sabida es, que cual la vida tal es la muerte. Consideremos cuál es nuestra vida, y podremos deducir desde luego cuál será nuestra muerte. ¿Hacemos nosotros la vida de los justos?...Si perseveramos justos, justos moriremos. Al contrario, ¿vivimos como los pecadores? ¡Ay! que si no nos encomendamos, nuestra muerte será la desgracia como la de los pecadores. Si la muerte de San José nos causa una santa envidia, ¿porqué no procuramos con todas nuestras fuerzas y en cuanto esté de nuestra parte, imitar su vida santísima? ¡ Y que presunción tan loca sería la nuestra, si viendo el mal, quisiésemos morir bien! Desengañémonos de una vez: no nos dejemos seducir por el enemigo: procuremos estar bien persuadidos de que una muerte santa es la digna recompensa de una santa vida. Una vida empleada toda en amar y servir á Jesús y á María, es la mejor disposición para una feliz y santa muerte. Así se preparó San José para morir y dejar las miserioas y tribulaciones de esta vida. Propongamos, pues, emplear de hoy en adelante la vida en amar y servir á Jesús y á María; procuremos vivir como santos, y moriremos como santos. Entonces San José, reconociéndonos por sus verdaderos devotos, por sus verdaderos hijos en vida, nos asistirá con paternal solicitud en la hora de la muerte, y nos alcanzará la gracia de que, llenos de contento, podamos entregar nuestras almas en las preciosas manos de Jesús y María.
Oración
¡Oh glorioso, San José! verdaderamente feliz y bienaventurado por vuestra preciosísima é incomparable muerte, compadeceos de nuestra alma. ¡ Ah! no permitáis que ninguno de nosotros tenga la horrible muerte de los pecadores: mirad, que todos los que estamos aquí reunidos, somos hijos vuestros y vuestros especiales devotos: ¿y permitireis que alguno de nosotros se pierda? ¡Ah! acordaos de la preciosísima sangre de vuestros amado Jesús, con la cual hemos sido redimidos: acordaos de los dolores agudisimos de vuestra santísima esposa, y también de los vuestros que sufristeis con tanta resignación y valor, para cooperar, en cuanto estuvo de vuestra parte, á la grande obra de nuestra redención. Mudad con vuestra interseción nuestro corazón ingrato; compungido con el espíritu de verdadera penitencia,alumbradlo con la luz de la fe, altentadlo con la santa esperanza, é inflamadlo con los ardores de la caridad más pura; hacedlo santo á semejanza vuestra, á fin de que en lo sucesivo, imitando vuestras virtudes, se nos conceda una muerte semejante también á la vuestra. Amén.
San José, llamado varón justo por el mismo Espíritu Santo, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, angelical esposo de la siempre virgen María, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, á quien el mismo Hijo de Dios llamó su padre, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, á quien el Padre Celestial hizo en cierto modo participe de su paternidad y de su amor infinito para con su Hijo Unigénito, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, padre nutricio del que alimenta á todas las criaturas, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, á quien estuvo sumiso el Hijo del Todopoderoso, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, á quien la Trinidad deífica asoció el gran misterio de la Encarnación, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, á quién Dios confió el tesoro inmenso de Jesús y María, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, cuyos trabajos, cuyos sudores, cuya vida entera se consagraron al Dios humanado y á su Madre Santísima, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José,modelo de sufrimiento, dechado de virginidad y volcán de amor divino, .Asistidnos en nuestra última hora.
San José, principe de los patriarcas, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, que en la gloria ocupáis un trono cerca de Jesús y María, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, que en el cielo ejercéis la influencia y el valimiento de padre para con Jesús, y de esposo para con María, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, protector de las almas vírgenes, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, espejo del ministerio sacerdotal, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, ejemplar de la santidad del matrimonio cristiano, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, defensor de los moribundos en su agonía, -Asistidnos en nuestra última hora.
San José, abogado de la humanidad en todas sus miserias y necesidades, -Asistidnos en nuestra última hora.
Oración
Por todos estos privilegios, méritos y gracias os pedimos vuestros devotos,
excelsos y poderosísimos patrón nuestro San José, que nos alcancéis algo de vuestras
eminentes virtudes; que nos asistáis en las varias vicisitudes de esta vida mortal;
nos patrocinéis en la hora de nuestro tránsito, y nos presentéis después en el cielo á Jesús
y á María. También os pedimos por la Iglesia Católica, por el Sumo Pontífice y demás prelados,
y por todos los fieles que viven en su unión y obediencia.
Jesús, José y María, en vida y en muerte amparad el alma mía.
Alabanzas y gracias dé siempre el alma mía á los objetos de mi amor,
Jesús, José y María.
Jaculatoria
¡Oh glorioso San José, esposo de María!
protegednos y proteged á la Iglesia y a su cabeza visible el Romano Pontífice.
Dolores y Gozos
que en memoria del felícisimo tránsito del Señor San José,
se puede cantar ó rezar los días del Septenario.
1. José, de agradarte ansioso
Nuestro humilde corazón
celebra con devoción
Tu tránsito venturoso.
***
1. Grave pena sentiría Tu alma bendita, al mirar
con tus dolores penar El corazón de María.
Mas no menor alegría debió de inundar tu pecho,
Al verla junto á tu pecho, Al verla junto á tu lecho,
Que con Jesús te asistía.
***
Por este gozo y dolor
Mitiga de nuestra suerte
El rigor, y santa muerte
Alcánzanos del Señor.
Padre Nuestro, etc.
***
2. Era tu pena doblada cuando, el trabajo imponente,
Viste de María la frente con fácil sudor nublada;
Pero se halló consolada Tu alma en tanto dolor
Diciendo: Hágase, Señor, Tu voluntad adorada.
Por este gozo y dolor
Mitiga de nuestra suerte
El rigor, y santa muerte
Alcánzanos del Señor.
Padre Nuestro, etc.
***
3. Mientras el cuerpo sufría de la muerte los rigores,
dando parte en sus dolores Á tu amable compañia,
No hay duda que no sería remedio para ti vano
El que te diera la mano de tu Jesús y María.
Por este gozo y dolor
Mitiga de nuestra suerte
El rigor, y santa muerte
Alcánzanos del Señor.
Padre Nuestro, etc.
***
4. Cual tu amor, así crecida fue tu pena y aumentando
conforme se fue llegando la hora de tu partida;
Pena que á gozo fue unida, al ver que el Señor propicio
aceptaba en sacrificio del más puro amor tu vida.
Por este gozo y dolor
Mitiga de nuestra suerte
El rigor, y santa muerte
Alcánzanos del Señor.
Padre Nuestro, etc.
***
5. Fue la angustia más penosa que sintió tu alma pura,
el despedir con ternura á tu hijo y á tu esposa;
Mas cuán dulce y amorosa promesa sería tu anhelo:
con que ¡hasta el cielo!-¡hasta el cielo!
--Duerme pues: duerme y reposa.
Por este gozo y dolor
Mitiga de nuestra suerte
El rigor, y santa muerte
Alcánzanos del Señor.
Padre Nuestro, etc.
***
6. Ya llegó tu postrer hora Y el fin de tanto sufrir;
Tu cuerpo se atreve á herir por fin la muerte traidora
Mas en visión bienhechora de Dios contemplas tu esencia,
Y huye el mal á su presencia cual la noche ante la aurora.
Por este gozo y dolor
Mitiga de nuestra suerte
El rigor, y santa muerte
Alcánzanos del Señor.
Padre Nuestro, etc.
***
7. Fue la pena sin igual, cuando es misteriosa calma
se arrancó tu pura alma de su cuerpo terrenal;
No alcanzará otro mortal gozos cual tú soberanos,
cuando se puso en las manos de Jesús tu alma inmortal.
Por este gozo y dolor
Mitiga de nuestra suerte
El rigor, y santa muerte
Alcánzanos del Señor.
Padre Nuestro, etc.
***
Se concluye con la oración en la cual se pide á San José una buena muerte.
PARA ALCANZAR UNA BUENA MUERTE
¡Gran San José, modelo, patrono y consolador de los moribundos!
os suplico me asistáis en el último instante de mi vida;
en aquel momento terrible, en el cual yo no sé si tendré
ocasión siquiera para llamaros a mi auxilio.
Haced, os suplico, que yo tenga la muerte de los justos.
Y para merecer esta gracia, obtenedme la de vivir siempre,
como Vos, en la presencia de Jesús y María, sin ofender sus miradas
con las manchas odiosas de la culpa,
Haced que yo muera desde este momento, á todo lo que no es Dios
y que viva únicamente para aquel que murió por mí.
Abrasad mi corazón en las llamas del amor divino, para que al rendir mi espíritu,
merezca, como Vos, la dicha de rendirlo en las manos de Jesús y María.
Amén.
