ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Hijo unigénito del Eterno Padre, Verbo divino humanada en las entrañas purísima de María, Salvador mío: el amor infinito que me tenéis, os hizo bajar del cielo á la tierra, naciendo para mí en un establo y muriendo por mí en un madero. Arrojad de mi alma los monstruos de mis abominables pecados, pues de todo corazón los aborrezco; me pesa muy de veras de haberos cometido contra Vos y delante de Vos, por ser quien sois, mi criador, mi conservador, mi bienhechor, mi redentor y mi amantísimo padre. Ya que venís á buscar, no á los justos, sino a los pecadores, y yo soy el mayor y el más ingrato de todos éstos: haced que brille en mí vuestra misericordia, perdonándome y dándome vuestra gracia, con la cual propongo cumplir todas mis obligaciones, sirviendoos agradecido y amándoos con perseverancia hasta el fin de mi vida.
Amén.
ORACIÓN A SAN JOSÉ
¡Oh Patriarca diligentísimo! Conociendo ser voluntad de Dios que lleveis con Vos á vuestra amadísima esposa en el forzado viaje desde Nazaret á Belén para cumplir con el edicto del emperador Augusto César, hicisteis con todo cuidado las prevenciones posibles á vuestra pobreza, aunque no las que deseaba vuestro infinito amor, y dignas de la Emperatriz del Universo que llevaba en sus entrañas al divino Principe, reconciliador de la tierra con el cielo. Alégrome del consuelo inexplicable que tuvisteis por no tener que separaros de María; y siento vuestro quebranto al ver que no podías disponer sino de un humilde jumentillo, para llevar á la Señora del mundo en tan solemnes y delicadas circunstancias. Alcanzadme, Santo mío, una conformidad tan grande con la voluntad de Dios, que viva yo siempre contento con lo que su providencia dispusiere, y un deseo tan ferviente de servir a María Santísima, que me parezca poco cuanto hiciere en su servicio; para que estos mis obsequios, junto con vuestro favor, me dispongan para recibir á la Sabiduría encarnada.
Padre Nuestro
Padre nuestro, que está en el el cielo, santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino.
Hagáse tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
ORACIÓN Á LA SANTÍSIMA VIRGEN
¡Oh Emperatriz soberana de cielo y tierra, María, Madre del Rey del Universo!
Por la asistencia y cuidado que os prodigó vuestro amadísimo esposo San José, á fin de que os fueran menos pesadas las penalidades y molestias que tuvisteis que sufrir en el viaje de Nazaret á Belén, os suplico me concedáis un fervor grande en serviros á Vos, oh Señora mía, y al Señor que llevabais en vuestras purísimas entrañas, para hacer con acierto el viaje de esta mi vida transitoria, y llegar con felicidad al término deseado de la gloria. Amén.
Ave María
Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo;
bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Antífona
¡Oh Sabiduría, emanada de la boca del Altísimo, y que, extendida del uno al otro extremo del Universo, disponéis todas las cosas con dulzura y con vigor! venid, y enseñadnos el camino de la prudencia.
V. Cielos, derramad vuestro rocío de lo alto, y las nubes lluevan al Justo.
R. Abrase la tierra y produzca al Salvador.
ORACIÓN A SAN JOSÉ
Después de María, nadie ha conocido como Vos, oh santísimo Patriarca, los profundos misterios de la Encarnación y anonadamiento del Verbo Divino humanado. Por eso, después de la Inmaculada Virgen, vuestra augusta esposa, nadie ha glorificado tanto al Redentor en sus humillaciones como Vos con vuestra fe sublime y vuestra rendida adoración. Los hombres no conocían, ni aun sospechaban nada de los admirables misterios que se habían verificado en medio de ellos, y Vos erais el único que, con la Virgen María, tributabais a Dios, humillado y escondido en el claustro materno, el amor fervoroso, la fe viva, la adoración profunda y el culto más perfecto que jamás se le ha tributado.
Patriarca admirable, modelo consumado de la vida contemplativa, ¿quién podrá comprender lo que Vos sentíais, considerando al Verbo Eterno encerrado en el silencio del claustro virginal?
¡Cómo contabais los instantes, aguardando el momento felicísimo en que habíais de gozar de la dicha inefable de contemplar al divino Niño recién nacido!
Ver ese rostro bendito, en quien no se cansan de mirar los ángeles; contemplar, bajo las apariencias de la pequeñez, de la debilidad suma, de la inocencia encantadora de un tierno Niño recién nacido, al mismo Dios de la majestad...
¡cuán grande fué vuestra dicha! ¡cuán incomparable vuestra felicidad!
Ese mismo Dios omnipotente, ese Unigénito del Padre, ese mismo Verbo Eterno, humanado por amor á los hombres, se oculta, se esconde, se anonada, y hasta desaparece ahora, bajo los velos de la Hostia Santa en el admirable Sacramento de nuestros altares; y allí, también ahora, como en los días que precedieron á su nacimiento temporal en Belén, los hombres le menospreciamos, olvidamos y correspondemos aun con ultrajes á los excesos de su amor para con nosotros....
¡Oh Santísimo Patriarca! alcanzadnos la gracia de creer con viva fe en Jesucristo oculto bajo los santos velos de la Eucaristía, de adorarle con la más profunda humildad, de corresponder con fineza de amor al amor inagotable con que en ese sacramento somos amados, y de tener al pie del altar sagrado, en la presencia de Jesucristo sacramentado, nuestro cielo aquí en la tierra, como Vos le tuvisteis en Nazaret y en Belén, esperando el divino alumbramiento de la Virgen, nuestra casta esposa y nuestra abogada. Amén.
ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA
¡Oh María! ¡Oh Inmaculada Madre de Dios! Vuestro vientre virginal fué el primer altar en que el Verbo divino humanado se ofreció como víctima al Altísimo, y pidió el perdón para nosotros los miserables pecadores, hijos de Adán.
En vuestro seno purísimo descansó nueve meses el Unigénito de Dios Padre,
recibiendo de Vos la vida corporal, con que había de sacrificarse después de nosotros.
¿Quién podrá comprender las gracias de que fue enriquecida vuestra alma inmaculada?...
Ni será posible que nunca se conozca cuánto Vos hicisteis, en aquellos nueves meses, para honrar al Verbo eterno, que llevabais humanado en vuestras entrañas: lo que pasó entre vuestra alma nobilísima y el Verbo divino, mientras lo trajisteis en vuestro seno inmaculado, sólo el mismo Dios es el que puede conocerlo.
Llena de gracia, bendita entre todas las mujeres, derramad sobre nosotros
vuestras bendiciones maternales, y hacednos dignos de acercarnos á Jesucristo, vuestro Hijo y nuestro Dios; para que, recibiéndole en nuestro pecho sacramentalmente, vivamos de su vida, muertos á todo lo que no sea Dios, de Dios y para Dios. Amén.
PRECES
- San José, virginal esposo de María, Rogad por nosotros.
- San José, hombre justo según el corazón de Dios, Rogad por nosotros.
- San José, custodio fiel de la Madre y del Hijo de Dios, Rogad por nosotros.
- San José, confidente íntimo de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
- San José, fiel imitador de las virtudes de estos Sagrados Corazones, Rogad por nosotros.
- San José, modelo de vida oculta y de íntima unión con los Sagrados Corazones de Jesús y María, Rogad por nosotros.
- San José, modelo de generosidad para los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
- San José, consolada en vuestras pruebas por estos Sagrados Corazones, Rogad por nosotros.
- San José, que vivisteis en Nazaret en la paz de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
- San José, revestido de autoridad paternal sobre el Sagrado Corazón de Jesucristo, Rogad por nosotros.
- San José, ardiente en amor hacia los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
- San José, que aprendisteis la dulzura, la humildad y la misericordia en la escuela de estos Sagrados Corazones, Rogad por nosotros.
- San José, instruído en la vida interior en la escuela de estos Sagrados Corazones, Rogad por nosotros.
- San José, que expirasteis en el amor de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
- San José, que participáis en el cielo de las delicias de estos Sagrados Corazones, Rogad por nosotros.
- San José, que ocupáis en el cielo un lugar cerca de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
- San José, poderoso protector de la Iglesia Militante, Rogad por nosotros.
- San José, compasivo abogado de la Iglesia Purgante, Rogad por nosotros.
Adelantad con vuestras súplicas el triunfo de la Iglesia---¡ Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!
Consolad y proteged á nuestro Soberano Pontífice Rey---¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!
Cuidad y defended á nuestra amada patria---¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!
Pedid para nosotros el amor de los Sagrados Corazones---¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!
Rogad por todas las Congregaciones religiosas---¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!
Rogad por los sacerdotes y los misioneros---¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!
Rogad por todos los infieles, herejes y pecadores---¡Oh San José, poderoso con el corazón de Jesús!
ORACIÓN
¡Oh Dios, que nos ofrecéis á San José como el modelo de la verdadera
devoción á los sagrados Corazones de Jesús y de María, y nos lo dais como patrono en medio de las pruebas que afligen al mundo y á la iglesia! concednos por su intercesión la gracia de llegar á ser verdaderos hijos de estos Sagrados Corazones. Os lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
