miércoles, 13 de julio de 2022

EXPECTACIÓN DEL PARTO DE LA VIRGEN SANTÍSIMA-18 de diciembre

 


ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo,  Hijo unigénito del Eterno Padre, Verbo divino humanada en las entrañas purísima de María, Salvador mío: el amor infinito que me tenéis, os hizo bajar del cielo á la tierra, naciendo para mí en un establo y muriendo por mí en un madero.  Arrojad de mi alma los monstruos de mis abominables pecados, pues de todo corazón los aborrezco; me pesa muy de veras de haberos cometido contra Vos y delante de Vos, por ser quien sois, mi criador, mi conservador, mi bienhechor, mi redentor y mi amantísimo padre.  Ya que venís á buscar, no á los justos, sino a los pecadores, y yo soy el mayor y el más ingrato de todos éstos: haced que brille en mí vuestra misericordia, perdonándome y dándome vuestra gracia, con la cual propongo cumplir todas mis obligaciones, sirviendoos agradecido y amándoos con perseverancia hasta el fin de mi vida.
Amén.

ORACIÓN A SAN JOSÉ

¡Oh Patriarca diligentísimo! Conociendo ser voluntad de Dios que lleveis con Vos á vuestra amadísima esposa en el forzado viaje desde Nazaret á Belén para cumplir con el edicto del emperador Augusto César, hicisteis con todo cuidado las prevenciones posibles á vuestra pobreza, aunque no las que deseaba vuestro infinito amor, y dignas de la Emperatriz del Universo que llevaba en sus entrañas al divino Principe, reconciliador de la tierra con el cielo.  Alégrome del consuelo inexplicable que tuvisteis por  no tener que separaros de María; y siento vuestro quebranto al ver que no podías disponer sino de un humilde jumentillo, para llevar á la Señora del mundo en tan solemnes y delicadas circunstancias.  Alcanzadme, Santo mío, una conformidad tan grande con la voluntad de Dios, que viva yo siempre contento con lo que su providencia dispusiere, y un deseo tan ferviente de servir a María Santísima, que me parezca poco cuanto hiciere en su servicio; para que estos mis obsequios, junto con vuestro favor, me dispongan para recibir á la Sabiduría encarnada.

Padre Nuestro

Padre nuestro, que está en el el cielo, santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino.
Hagáse tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.  Amén.


ORACIÓN Á LA SANTÍSIMA VIRGEN

¡Oh Emperatriz soberana de cielo y tierra, María, Madre del Rey del Universo!
Por la asistencia y cuidado que os prodigó vuestro amadísimo esposo San José, á fin de que os fueran menos pesadas las penalidades y molestias que tuvisteis que sufrir en el viaje de Nazaret á Belén, os suplico me concedáis un fervor grande en serviros á Vos, oh Señora mía, y al Señor que llevabais en vuestras purísimas entrañas, para hacer con acierto el viaje de esta mi vida transitoria, y llegar con felicidad al término deseado de la gloria.  Amén.

Ave María

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo;
bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. 
Amén.

Antífona

¡Oh Sabiduría, emanada de la boca del Altísimo, y que, extendida del uno al otro extremo del Universo, disponéis todas las cosas con dulzura y con vigor! venid, y enseñadnos el camino de la prudencia.

V. Cielos, derramad vuestro rocío de lo alto, y las nubes lluevan al Justo.
R. Abrase la tierra y produzca al Salvador.

ORACIÓN A SAN JOSÉ

Después de María, nadie ha conocido como Vos, oh santísimo Patriarca, los profundos misterios de la Encarnación y anonadamiento del Verbo Divino humanado.  Por eso, después de la Inmaculada Virgen, vuestra augusta esposa, nadie ha glorificado tanto al Redentor en sus humillaciones como Vos con vuestra fe sublime y vuestra rendida adoración.  Los hombres no conocían, ni aun sospechaban nada de los admirables misterios que se habían verificado en medio de ellos, y Vos erais el único que, con la Virgen María, tributabais a Dios, humillado y escondido en el claustro materno, el amor fervoroso, la fe viva, la adoración profunda y el culto más perfecto que jamás se le ha tributado.
Patriarca admirable, modelo consumado de la vida contemplativa, ¿quién podrá comprender lo que Vos sentíais, considerando al Verbo Eterno encerrado en el silencio del claustro virginal?
¡Cómo contabais los instantes, aguardando el momento felicísimo en que habíais de gozar de la dicha inefable de contemplar al divino Niño recién nacido!
Ver ese rostro bendito, en quien no se cansan de mirar los ángeles; contemplar, bajo las apariencias de la pequeñez, de la debilidad suma, de la inocencia encantadora de un tierno Niño recién nacido, al mismo Dios de la majestad...
¡cuán grande fué vuestra dicha! ¡cuán incomparable vuestra felicidad!
Ese mismo Dios omnipotente, ese Unigénito del Padre, ese mismo Verbo Eterno, humanado por amor á los hombres, se oculta, se esconde, se anonada, y hasta desaparece ahora, bajo los velos de la Hostia Santa en el admirable Sacramento de nuestros altares; y allí, también ahora, como en los días que precedieron á su nacimiento temporal en Belén, los hombres le menospreciamos, olvidamos y correspondemos aun con ultrajes á los excesos de su amor para con nosotros....
¡Oh Santísimo Patriarca! alcanzadnos la gracia de creer con viva fe en Jesucristo oculto bajo los santos velos de la Eucaristía, de adorarle con la más profunda humildad, de corresponder con fineza de amor al amor inagotable con que en ese sacramento somos amados, y de tener al pie del altar sagrado, en la presencia de Jesucristo sacramentado, nuestro cielo aquí en la tierra, como Vos le tuvisteis en Nazaret y en Belén, esperando el divino alumbramiento de la Virgen, nuestra casta esposa y nuestra abogada.  Amén.

ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

¡Oh María! ¡Oh Inmaculada Madre de Dios! Vuestro vientre virginal fué el primer altar en que el Verbo divino humanado se ofreció como víctima al Altísimo, y pidió el perdón para nosotros los miserables pecadores, hijos de Adán.
En vuestro seno purísimo descansó nueve meses el Unigénito de Dios Padre, 
recibiendo de Vos la vida corporal, con que había de sacrificarse después de nosotros.
¿Quién podrá comprender las gracias de que fue enriquecida vuestra alma inmaculada?...
Ni será posible que nunca se conozca cuánto Vos hicisteis, en aquellos nueves meses, para honrar al Verbo eterno, que llevabais humanado en vuestras entrañas: lo que pasó entre vuestra alma nobilísima y el Verbo divino, mientras lo trajisteis en vuestro seno inmaculado, sólo el mismo Dios es el que puede conocerlo.
Llena de gracia, bendita entre todas las mujeres, derramad sobre nosotros
vuestras bendiciones maternales, y hacednos dignos de acercarnos á Jesucristo, vuestro Hijo y nuestro Dios; para que, recibiéndole en nuestro pecho sacramentalmente, vivamos de su vida, muertos á todo lo que no sea Dios, de Dios y para Dios.  Amén.


PRECES

  1. San José, virginal esposo de María, Rogad por nosotros.
  2. San José, hombre justo según el corazón de Dios, Rogad por nosotros.
  3. San José, custodio fiel de la Madre y del Hijo de Dios, Rogad por nosotros.
  4. San José, confidente íntimo de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
  5. San José, fiel imitador de las virtudes de estos Sagrados Corazones, Rogad por nosotros.
  6. San José, modelo de vida oculta y de íntima unión con los Sagrados Corazones de Jesús y María, Rogad por nosotros.
  7. San José, modelo de generosidad para los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
  8. San José, consolada en vuestras pruebas por estos Sagrados Corazones, Rogad por nosotros.
  9. San José, que vivisteis en Nazaret en la paz de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
  10. San José, revestido de autoridad paternal sobre el Sagrado Corazón de Jesucristo, Rogad por nosotros.
  11. San José, ardiente en amor hacia los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
  12. San José, que aprendisteis la dulzura, la humildad y la misericordia en la escuela de estos Sagrados Corazones, Rogad por nosotros.
  13. San José, instruído en la vida interior en la escuela de estos Sagrados Corazones, Rogad por nosotros.
  14. San José, que expirasteis en el amor de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
  15. San José, que participáis en el cielo de las delicias de estos Sagrados Corazones, Rogad por nosotros.
  16. San José, que ocupáis en el cielo un lugar cerca de Jesús y de María, Rogad por nosotros.
  17. San José, poderoso protector de la Iglesia Militante, Rogad por nosotros.
  18. San José, compasivo abogado de la Iglesia Purgante, Rogad por nosotros.
Adelantad con vuestras súplicas el triunfo de la Iglesia---¡ Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!

Consolad y proteged á nuestro Soberano Pontífice Rey---¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!

Cuidad y defended á nuestra amada patria---¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!

Pedid para nosotros el amor de los Sagrados Corazones---¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!

Rogad por todas las Congregaciones religiosas---¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!

Rogad por los sacerdotes y los misioneros---¡Oh San José, poderoso con el Corazón de Jesús!

Rogad por todos los infieles, herejes y pecadores---¡Oh San José, poderoso con el corazón de Jesús!


ORACIÓN

¡Oh Dios, que nos ofrecéis á San José como el modelo de la verdadera
devoción á los sagrados Corazones de Jesús y de María, y nos lo dais como patrono en medio de las pruebas que afligen al mundo y á la iglesia! concednos por su intercesión la gracia de llegar á ser verdaderos hijos de estos Sagrados Corazones.  Os lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.







domingo, 10 de julio de 2022

FIESTA DE LOS DESPOSORIOS (Esta fiesta se celebra el 26 de noviembre)

 


Acto de Contricción

¡Dios de infinita clemencia!
Si es á tus ojos de agrado
Un pecador humillado, 
Aquí vengo a tu presencia.

¡Tu eres amor y bondad!
¿Qué hice yo que no te amé?
Pequé contra Ti, pequé.
Me pesa, Señor, ¡piedad!

Yo te prometo, Bien mío,
Con penitencia cumplida,
Satisfacer de mi vida
El pasado desvarío.

Y porque no torné á serte
Infiel como antes fuí,
Aumenta tu gracia en mí
Y hazme tuyo hasta la muerte.


Oración

¡Oh castísimo José! que fiel á la gracia divina, 
os consagrasteis á Dios desde vuestra tierna infancia y,
muerto al mundo, encontrabais vuestras delicias
 en la ley santa del Señor, mereciendo así ser elegido 
para esposo de la Madre del Salvador; 
yo bendigo a la adorable Trinidad
 por haberos destinado á dignidad tan sublime.  
Fiel custodio de la virginidad de María, 
preservadme de toda mancha de alma y cuerpo, 
para que conservando puro mi corazón 
y cumpliendo en todo la divina voluntad,
 merezca las bendiciones del Señor, 
la protección de María y la vuestra. 
Amén.

Consideración sobre los motivos del matrimonio de San José

Primera

    Aunque por un prodigio inaudito, la madre del Hijo de Dios debía ser una virgen sin mancha, sin que el hombre tuviese parte alguna en el nacimiento del Mesías, el Altísimo en sus impenetrables designios quiso, no obstante, ocultar este augusto ministerio bajo el velo del matrimonio, para salvar el honor del Hijo y de la Madre.Y el feliz mortal elegido por Dios para ministro de su obra tan portentosa, fue José de Nazaret.  José, pues, por un privilegio especial, fue admitido á la participación de los secretos del misterio de la Encarnación, y a la comunicación más íntima con las personas sagradas de Jesús y de María.  José fue asociado por este feliz enlace á la grandiosísima obra de la Redención: él será ajeno á la concepción milagrosa de Jesús, que será obra exclusiva del Espíritu Santo; pero hará, con su título de esposo, que este misterio no carezca de honor á los ojos de los hombres, y esté libre de conjeturas malignas é infames.  Además, la Santísima Virgen necesita un apoyo, y el  divino Infante un protector.  Y he aquí la oportunidad y conveniencia del matrimonío de San José con María.  Esta unión es, asimismo, venerable por la eminente santidad de los que la celebran.

Segunda

    San José fue escogido entre mil, es decir entre todos los hombres para ser esposo de la Virgen Madre; el fue hallado digno de tan alto honor, de tan augusta dignidad.  Cuando el Evangelista dice: José, esposo de María, parece no hay más que añadir para manifestar la grandeza de este hombre privilegiado, dice San Gregorio Nacianceno; y como la lección que Dios hace para la distribución de las dignidades, supone las gracias y el mérito convenientes, no podemos comprender los inagotables tesoros de méritos que honran al Santo Patriarca.  ¨Cuando yo considero por una parte, dice el P.  Surín, que la augusta Reina del Cielo, delante de la cual se postran las criaturas, era la esposa de José, y como tal, obligada á amarlo, honrarlo y obedecerle, y por otra que el Hijo único de Dios se ha dignado reconocer al humilde carpintero de Nazaret por su padre, mi espíritu se abisma, y mi alma conturbada dice: Nungún mortal podrá formar una justa idea de las perfecciones sublimes del Patriarca.

¨ ¨Dios, según San Bernardino de Sena,
 no podía confiar la incomparable dignidad
 de la Madre de su divino Hijo sino al más puro, 
al más casto y al más santo de todos los hombres.
¨¡Oh! no es dado al poder de lengua humana expresar
 el altísmo honor, dignidad y preeminencia
 á que fué elevado San José 
por su felicísimo desposorio de la Santísima Virgen.


Tercera

    Considera, que los desposorios entre Maria y José fueron también ordenados por el Señor 
á mayor gloria de nuestro Patriarca.  La mayor gloria para José fue el tener por esposa á la más santa de las mujeres.  José esposo de María he aquí un titulo que eleva á nuestro Santo sobre los demás, porque es un título único é incomunicable, María es de una belleza sobrenatural, que convidaba a cualesquiera que la mirase á recrearse en delicias celestiales.  Quiso, pues, Dios que San José viviese tantos años con la Virgen María á fin de que toda la belleza y gloria de la esposa reflejase en el esposo.  Si los santos inspiran amor á la virtud, ¿cuán ardiente amor no habrá inspirado á José la más santa de los santos?  Si la voz de María, saludando á Isabel, la lleno del Espíritu Santo é hizo saltar en su seno al niño Juan, ¿de cuanta gracia no debió llenarse José, que oía la voz de María todos los días y la oía explicar los arcanos celestiales? ¡Ah! ¡Cuánto debo alegrarme con San José de tanta dicha! Esforzaráme, pues, en saludarlo con frecuencia diciéndole:
 
´Salve, José, esposo de María.¨ A tal salutación José se recocija,
 María sonríe, los ángeles le congratulan
 y el cielo y la tierra se llenan de santa alegría.

Cuarta

    Considera que por medio de los desposorios de María con José, éste resultaba ser el padre legal de Jesús, y adquiría el derecho de ser custodio: y después de María, tenía la dicha de ser el más cercano á Dios, fuente de santidad, y participar de ella, como participan de más luz los astros más cercanos al sol.  Nadie es capaz de imaginar los inmensos tesoros de bendiciones con que Dios compensaba los cuidados de José  en sostener en sus brazos á Jesús cuando niño, en vestirlo desnudo, en saciarlo hambriento, y en recibirlo peregrino en su casa.  Por razón de los desposorios con María, Jesucristo es en cierto modo hijo de José, y José le ama como padre, no por simpatía de sangre, sino por sentimiento de religión.  Por otra parte , la iglesia debe quedar reconocida por á José, porque por él fué el Redentor presentado al mundo con honor,  honor que si no para Cristo, era necesario para el mundo, para no escandalizarse con falsas apariencias, el que sin ellas había de escandalizarse después del mismo Cristo; por eso la misma Iglesia debe prestar, y prestar después de María, honor y reverencia especial á San José.  ¡Ah! ¡cuántos dones ha heredado José en uno solo!  La gracia de los desposorios con María fué el primer anillo de su riquísima cadena.  ---Alegrémonos, pues, todos con nuestro Patriarca, al admirar en él un privilegio que la fuente de todos los demás, y digámosle con entusiasmo:

Bendito seáis, oh José, en vuestro ilustre título de esposo de María,
el cual os mereció ser padre y custodio de Jesús:
las lenguas todas os alaben; todos los corazones os honren;
bellas guirnaldas os ofrezcan las manos de todos los que admiran vuestros
gloriosos desposorios.


Quinta

    Considera por un momento el singular cuan hermoso contraste entre José y Jesús: entre José que rinde á Jesús un culto perfecto, y Jesús, que llena a José de un cúmulo de gracias.  José ama en Jesús á su criador, á su Redentor, á su Dios: José se enternece, viendo á un Dios sujeto á sus órdenes.  Los servicios que José hace á Jesús, son actos de latría; los esfuerzos para alimentarlos son sacrificios purísimos que tienen pro principio el amor de Dios; las peticiones son fervientes súplicas, los coloquios altísimas meditaciones, las caricias transportes de seráfica caridad, el gozo en abrazarlo y acariciarlo raptos de contemplación sublime.  Por otra parte, Jesús le corresponde de un modo admirable.  Las miradas que dirige á José son dardos de caridad; las respuestas son inspiraciones suaves; las palabras, voces de gracias y de vida, que mientras suenan el oído de José, se repiten con fiel eco en el corazón, y lo purifican, lo santifican, lo divinizan.  ¡Oh vida más propia de un bienaventurado en el cielo que de un mortal sobre la tierra!  ¡Oh espectáculo admirable, el que ofrecen José honrando a Jesús y Jesús correspondiento á José.  ¡Ah! ¡quién me diera que supiese yo considerar debidamente por un solo instante tanta virtud, tanta gloria y tanta santidad en José!  Todo esto está comprendido en una sola palabra:  José alcanzó tanta dicha por medio de sus desposorios con María.
    
    Inclínese los cielos y la tierra ante vuestra dignidad altísima, oh glorioso San José.  Reconozca vuestra superioridad los ángeles, los hombres y las inteligencias más elevadas del Antiguo y Nuevo Testamento, porque ninguno recibió un honor semejante al vuestro, como el de ser esposo de la Madre de Dios, y en virtud de esto, ser también padre legal y custodio del mismo Salvador. 

 ¡Oh bendito mil veces vuestros desposorios; 
por los méritos que en ellos contrajisteis, 
haced que todos cumplamos las obligaciones de nuestro estado, 
y así nos santifiquemos en la tierra, para reinar con Vos en la gloria. 
 Amén.

Oración

     Castísimo José, mil plácemes os doy porque el Eterno Padre os escogió entre todos los hombres para fiel esposo de la más hermosa Raquel, de la más agraciada Ester, de la más valerosa Judit, de la virgen más pura, de la Reina de los Ángeles, de la Emperatriz de cielos y tierra, de la Madre de Jesús, de María mi Señora.  Gozad, ¡oh afortunado San José! de vuestro singular privilegio de haber sido escogido entre todos por esposo de la más pura entre las vírgenes, de la más bella entre las esposas, de la más amante entre las madres, de la más santa entre las criaturas, de María Santísima.  Al lado de tan grande esposa, ¡Oh! ¡Cómo se eleva mil resplandores vuestra figura!  Al lado de María ¡ cómo aparecéis más grande y sublime!  ¡Ah! por íntima privanza que tenéis con la Virgen María, y por los derechos que el título de esposo os da para con ella, diganaos hacerme participante de las dulzuras que saborea el que honra a la Madre de Dios, por dueños de mi corazón, por objeto de mi amor, por defensores de mi vida y consuelo de mi muerte y por mi gloria en la eternidad.  Amén.



Gratulación á los castísimos esposos

    Venid, hijas de Sion; venid, criaturas todas, á cerebrar los felices desposorios de los más felices y venturosos mortales.  Aplaudid este glorioso día, en que la Emperatriz más augusta da la mano de esposa al más ilustre hijo de David.  Mil plácemes os doy, santísima María, porque habéis hallado el mejor esposo, el más noble personaje, el varón más justo y fiel, hecho á la medida del corazón de Dios, el compañero más semejante á Vos misma, el castísimo Patriarca, Señor San José.  Y á Vos, José santísimo, os doy también mil plácemes porque tomáis por esposa á la más dichosa Virgen y escelsa Reina, á María, soberana Señora de todo lo criado.  Y siendo éste el vínculo más feliz, el matrimonio más venturoso, se llena de gozo mi corazón, porque lográis ambos consortes los aplausos y bendiciones del cielo.  Haced, castísimos esposos, que, bajo vuestra guarda y protección, seamos conducidos seguros á la mansión de la eterna felicidad.  Amén.



Oración

Bendito sea, oh glorioso José, este día feliz que recuerda vuestros desposorios con María.  Dignaos hoy desposar mi alma con Dios, ayudándola á recobrar sus gracias, si la hubiese perdido, ó á ser confirmada en ella, si tiene la dicha de poseerla.  Bendecid desde el cielo á todas las personas unidas con el lazo nupcial, á fin de que, por vuestra protección, sientan alivio en las cruces de su estado y alcancen la gracia de cumplir los deberes de tan gran sacramento, que es figura de la unión de Cristo con la Iglesia.  Alejad de las familias cristianas toda semilla de discordias entre padres e hijos, entre amos y criados.  Haced revivir en el hogar doméstico la pura antorcha de la fe, el espíritu de piedad y la solicitud de los padres en dar á sus hijos una educación cristiana; sea vuestra vida fielmente copiada por los padres, transmitida á sus hijos, y de los muros domésticos pase á la luz pública de la sociedad, para que la familia humana vuelva así á los genuinos principios del cristianismo.  Así sea.


Preces

 San José, casto esposo de María, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

 San José, custodio de la virginidad de María, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, modelo de sencillez, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, revestido de fortaleza, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, lleno de fe viva, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, humilde en vuestra grandeza, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, ejemplo de obedienca, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, firme en vuestra esperanza, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, agradecido á los favores del cielo, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, que alimentasteis al Señor del Universo, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, que comisteis en una misma mesa con Jesús y María, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, cuyo sueño hacía tranquilo la paz interior de vuestra alma, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, que con Jesús y María formasteis una sola voluntad, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, que siempre estuvisteis en la presencia de Dios, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, recreado por los dulces coloquios de Jesús y María, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, solícito en el gobierno de la casa, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, profundísimo en la humildad, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, lleno de amor para con los hombres, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, cauto en el uso de la lengua, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, resignado en vuestras enfermedades, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, consuelo de los enfermos, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, protector de los agonizantes, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, nuestro defensor en el divino tribunal, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.

San José, príncipe de los bienaventurados, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.



Oración


    Puestos de rodillas ante Vos, oh insigne protector nuestro San José, venimos hoy también á pediros piedad.  Apesarados de nuestras ingratitudes y á la vista de tantas culpas como hemos cometido, no nos atrevemos á levantar los ojos a Vos.  Pero reflexionando luego sobre vuestro ilimitado poder y corazón compasivo, nos sentimos reanimados de la más viva y generosa confianza.

¡Y cómo no hemos de confiar en Vos, que habéis empeñado en vuestro favor á las tres Personas de la sacrosanta Trinidad; al Padre Eterno, á quien representais sobre la tierra en la custodia de su Hijo encarnado: al Verbo divino, por haber sustentado y protegido su vida humana que fué la salvación del mundo: al Espíritu Santo, por haber sido su representante, como esposo de María?  ¿Qué gracia, pues pediremos, que no nos sea concedida?  Vos ya conocéis los deseos de nuestro corazón y las gracias de hoy os queremos pedir.  Concednos la fe, la esperanza y la caridad, y los frutos de estas tres importantes virtudes.  

Haced, pues, que sean nuestras compañeras inseparables durante la vida, pero en especial en el trance de la muerte. Alcanzádnosla, oh padre y protector nuestro, por el amor que tuvisteis á las tres divinas Personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para que con su ejercicio nos hagamos dignos de gozar de los efectos de vuestro gran patrocinio en vida y muerte.  Amén.

viernes, 1 de julio de 2022

PARA GUIAR MEJOR A LOS NIÑOS

 



San José, esposo de María, tú que dedicaste todos tus cuidados 
a alimentar y educar a Jesús, este Hijo que Dios te confiara, 
enséñanos a como educar a nuestros hijos con amor y firmeza, 
con inteligencia y tacto.
Enséñanos a ser calmados y pacientes frente a sus debilidades.
Obtén para nosotros la sabiduría y la fuerza amorosa de intervenir
con ellos, cuando hace falta y como hace falta.
Haz que seamos despertadores de la fe, 
padres que oran con sus hijos y 
que caminan con ellos hacia el Reino.
Amén.

Aceite de San José

  La devoción al aceite de San José tiene sus raíces en la tradición católica, especialmente a través de figuras como San Andrés Bessette. S...