Acto de Contricción
¡Dios de infinita clemencia!
Si es á tus ojos de agrado
Un pecador humillado,
Aquí vengo a tu presencia.
¡Tu eres amor y bondad!
¿Qué hice yo que no te amé?
Pequé contra Ti, pequé.
Me pesa, Señor, ¡piedad!
Yo te prometo, Bien mío,
Con penitencia cumplida,
Satisfacer de mi vida
El pasado desvarío.
Y porque no torné á serte
Infiel como antes fuí,
Aumenta tu gracia en mí
Y hazme tuyo hasta la muerte.
Oración
¡Oh castísimo José! que fiel á la gracia divina,
os consagrasteis á Dios desde vuestra tierna infancia y,
muerto al mundo, encontrabais vuestras delicias
en la ley santa del Señor, mereciendo así ser elegido
para esposo de la Madre del Salvador;
yo bendigo a la adorable Trinidad
por haberos destinado á dignidad tan sublime.
Fiel custodio de la virginidad de María,
preservadme de toda mancha de alma y cuerpo,
para que conservando puro mi corazón
y cumpliendo en todo la divina voluntad,
merezca las bendiciones del Señor,
la protección de María y la vuestra.
Amén.
Consideración sobre los motivos del matrimonio de San José
Primera
Aunque por un prodigio inaudito, la madre del Hijo de Dios debía ser una virgen sin mancha, sin que el hombre tuviese parte alguna en el nacimiento del Mesías, el Altísimo en sus impenetrables designios quiso, no obstante, ocultar este augusto ministerio bajo el velo del matrimonio, para salvar el honor del Hijo y de la Madre.Y el feliz mortal elegido por Dios para ministro de su obra tan portentosa, fue José de Nazaret. José, pues, por un privilegio especial, fue admitido á la participación de los secretos del misterio de la Encarnación, y a la comunicación más íntima con las personas sagradas de Jesús y de María. José fue asociado por este feliz enlace á la grandiosísima obra de la Redención: él será ajeno á la concepción milagrosa de Jesús, que será obra exclusiva del Espíritu Santo; pero hará, con su título de esposo, que este misterio no carezca de honor á los ojos de los hombres, y esté libre de conjeturas malignas é infames. Además, la Santísima Virgen necesita un apoyo, y el divino Infante un protector. Y he aquí la oportunidad y conveniencia del matrimonío de San José con María. Esta unión es, asimismo, venerable por la eminente santidad de los que la celebran.
Segunda
San José fue escogido entre mil, es decir entre todos los hombres para ser esposo de la Virgen Madre; el fue hallado digno de tan alto honor, de tan augusta dignidad. Cuando el Evangelista dice: José, esposo de María, parece no hay más que añadir para manifestar la grandeza de este hombre privilegiado, dice San Gregorio Nacianceno; y como la lección que Dios hace para la distribución de las dignidades, supone las gracias y el mérito convenientes, no podemos comprender los inagotables tesoros de méritos que honran al Santo Patriarca. ¨Cuando yo considero por una parte, dice el P. Surín, que la augusta Reina del Cielo, delante de la cual se postran las criaturas, era la esposa de José, y como tal, obligada á amarlo, honrarlo y obedecerle, y por otra que el Hijo único de Dios se ha dignado reconocer al humilde carpintero de Nazaret por su padre, mi espíritu se abisma, y mi alma conturbada dice: Nungún mortal podrá formar una justa idea de las perfecciones sublimes del Patriarca.
¨ ¨Dios, según San Bernardino de Sena,
no podía confiar la incomparable dignidad
de la Madre de su divino Hijo sino al más puro,
al más casto y al más santo de todos los hombres.
¨¡Oh! no es dado al poder de lengua humana expresar
el altísmo honor, dignidad y preeminencia
á que fué elevado San José
por su felicísimo desposorio de la Santísima Virgen.
Tercera
Considera, que los desposorios entre Maria y José fueron también ordenados por el Señor
á mayor gloria de nuestro Patriarca. La mayor gloria para José fue el tener por esposa á la más santa de las mujeres. José esposo de María he aquí un titulo que eleva á nuestro Santo sobre los demás, porque es un título único é incomunicable, María es de una belleza sobrenatural, que convidaba a cualesquiera que la mirase á recrearse en delicias celestiales. Quiso, pues, Dios que San José viviese tantos años con la Virgen María á fin de que toda la belleza y gloria de la esposa reflejase en el esposo. Si los santos inspiran amor á la virtud, ¿cuán ardiente amor no habrá inspirado á José la más santa de los santos? Si la voz de María, saludando á Isabel, la lleno del Espíritu Santo é hizo saltar en su seno al niño Juan, ¿de cuanta gracia no debió llenarse José, que oía la voz de María todos los días y la oía explicar los arcanos celestiales? ¡Ah! ¡Cuánto debo alegrarme con San José de tanta dicha! Esforzaráme, pues, en saludarlo con frecuencia diciéndole:
´Salve, José, esposo de María.¨ A tal salutación José se recocija,
María sonríe, los ángeles le congratulan
y el cielo y la tierra se llenan de santa alegría.
Cuarta
Considera que por medio de los desposorios de María con José, éste resultaba ser el padre legal de Jesús, y adquiría el derecho de ser custodio: y después de María, tenía la dicha de ser el más cercano á Dios, fuente de santidad, y participar de ella, como participan de más luz los astros más cercanos al sol. Nadie es capaz de imaginar los inmensos tesoros de bendiciones con que Dios compensaba los cuidados de José en sostener en sus brazos á Jesús cuando niño, en vestirlo desnudo, en saciarlo hambriento, y en recibirlo peregrino en su casa. Por razón de los desposorios con María, Jesucristo es en cierto modo hijo de José, y José le ama como padre, no por simpatía de sangre, sino por sentimiento de religión. Por otra parte , la iglesia debe quedar reconocida por á José, porque por él fué el Redentor presentado al mundo con honor, honor que si no para Cristo, era necesario para el mundo, para no escandalizarse con falsas apariencias, el que sin ellas había de escandalizarse después del mismo Cristo; por eso la misma Iglesia debe prestar, y prestar después de María, honor y reverencia especial á San José. ¡Ah! ¡cuántos dones ha heredado José en uno solo! La gracia de los desposorios con María fué el primer anillo de su riquísima cadena. ---Alegrémonos, pues, todos con nuestro Patriarca, al admirar en él un privilegio que la fuente de todos los demás, y digámosle con entusiasmo:
Bendito seáis, oh José, en vuestro ilustre título de esposo de María,
el cual os mereció ser padre y custodio de Jesús:
las lenguas todas os alaben; todos los corazones os honren;
bellas guirnaldas os ofrezcan las manos de todos los que admiran vuestros
gloriosos desposorios.
Quinta
Considera por un momento el singular cuan hermoso contraste entre José y Jesús: entre José que rinde á Jesús un culto perfecto, y Jesús, que llena a José de un cúmulo de gracias. José ama en Jesús á su criador, á su Redentor, á su Dios: José se enternece, viendo á un Dios sujeto á sus órdenes. Los servicios que José hace á Jesús, son actos de latría; los esfuerzos para alimentarlos son sacrificios purísimos que tienen pro principio el amor de Dios; las peticiones son fervientes súplicas, los coloquios altísimas meditaciones, las caricias transportes de seráfica caridad, el gozo en abrazarlo y acariciarlo raptos de contemplación sublime. Por otra parte, Jesús le corresponde de un modo admirable. Las miradas que dirige á José son dardos de caridad; las respuestas son inspiraciones suaves; las palabras, voces de gracias y de vida, que mientras suenan el oído de José, se repiten con fiel eco en el corazón, y lo purifican, lo santifican, lo divinizan. ¡Oh vida más propia de un bienaventurado en el cielo que de un mortal sobre la tierra! ¡Oh espectáculo admirable, el que ofrecen José honrando a Jesús y Jesús correspondiento á José. ¡Ah! ¡quién me diera que supiese yo considerar debidamente por un solo instante tanta virtud, tanta gloria y tanta santidad en José! Todo esto está comprendido en una sola palabra: José alcanzó tanta dicha por medio de sus desposorios con María.
Inclínese los cielos y la tierra ante vuestra dignidad altísima, oh glorioso San José. Reconozca vuestra superioridad los ángeles, los hombres y las inteligencias más elevadas del Antiguo y Nuevo Testamento, porque ninguno recibió un honor semejante al vuestro, como el de ser esposo de la Madre de Dios, y en virtud de esto, ser también padre legal y custodio del mismo Salvador.
¡Oh bendito mil veces vuestros desposorios;
por los méritos que en ellos contrajisteis,
haced que todos cumplamos las obligaciones de nuestro estado,
y así nos santifiquemos en la tierra, para reinar con Vos en la gloria.
Amén.
Oración
Castísimo José, mil plácemes os doy porque el Eterno Padre os escogió entre todos los hombres para fiel esposo de la más hermosa Raquel, de la más agraciada Ester, de la más valerosa Judit, de la virgen más pura, de la Reina de los Ángeles, de la Emperatriz de cielos y tierra, de la Madre de Jesús, de María mi Señora. Gozad, ¡oh afortunado San José! de vuestro singular privilegio de haber sido escogido entre todos por esposo de la más pura entre las vírgenes, de la más bella entre las esposas, de la más amante entre las madres, de la más santa entre las criaturas, de María Santísima. Al lado de tan grande esposa, ¡Oh! ¡Cómo se eleva mil resplandores vuestra figura! Al lado de María ¡ cómo aparecéis más grande y sublime! ¡Ah! por íntima privanza que tenéis con la Virgen María, y por los derechos que el título de esposo os da para con ella, diganaos hacerme participante de las dulzuras que saborea el que honra a la Madre de Dios, por dueños de mi corazón, por objeto de mi amor, por defensores de mi vida y consuelo de mi muerte y por mi gloria en la eternidad. Amén.
Gratulación á los castísimos esposos
Venid, hijas de Sion; venid, criaturas todas, á cerebrar los felices desposorios de los más felices y venturosos mortales. Aplaudid este glorioso día, en que la Emperatriz más augusta da la mano de esposa al más ilustre hijo de David. Mil plácemes os doy, santísima María, porque habéis hallado el mejor esposo, el más noble personaje, el varón más justo y fiel, hecho á la medida del corazón de Dios, el compañero más semejante á Vos misma, el castísimo Patriarca, Señor San José. Y á Vos, José santísimo, os doy también mil plácemes porque tomáis por esposa á la más dichosa Virgen y escelsa Reina, á María, soberana Señora de todo lo criado. Y siendo éste el vínculo más feliz, el matrimonio más venturoso, se llena de gozo mi corazón, porque lográis ambos consortes los aplausos y bendiciones del cielo. Haced, castísimos esposos, que, bajo vuestra guarda y protección, seamos conducidos seguros á la mansión de la eterna felicidad. Amén.
Oración
Bendito sea, oh glorioso José, este día feliz que recuerda vuestros desposorios con María. Dignaos hoy desposar mi alma con Dios, ayudándola á recobrar sus gracias, si la hubiese perdido, ó á ser confirmada en ella, si tiene la dicha de poseerla. Bendecid desde el cielo á todas las personas unidas con el lazo nupcial, á fin de que, por vuestra protección, sientan alivio en las cruces de su estado y alcancen la gracia de cumplir los deberes de tan gran sacramento, que es figura de la unión de Cristo con la Iglesia. Alejad de las familias cristianas toda semilla de discordias entre padres e hijos, entre amos y criados. Haced revivir en el hogar doméstico la pura antorcha de la fe, el espíritu de piedad y la solicitud de los padres en dar á sus hijos una educación cristiana; sea vuestra vida fielmente copiada por los padres, transmitida á sus hijos, y de los muros domésticos pase á la luz pública de la sociedad, para que la familia humana vuelva así á los genuinos principios del cristianismo. Así sea.
Preces
San José, casto esposo de María, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, custodio de la virginidad de María, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, modelo de sencillez, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, revestido de fortaleza, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, lleno de fe viva, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, humilde en vuestra grandeza, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, ejemplo de obedienca, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, firme en vuestra esperanza, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, agradecido á los favores del cielo, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, que alimentasteis al Señor del Universo, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, que comisteis en una misma mesa con Jesús y María, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, cuyo sueño hacía tranquilo la paz interior de vuestra alma, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, que con Jesús y María formasteis una sola voluntad, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, que siempre estuvisteis en la presencia de Dios, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, recreado por los dulces coloquios de Jesús y María, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, solícito en el gobierno de la casa, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, profundísimo en la humildad, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, lleno de amor para con los hombres, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, cauto en el uso de la lengua, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, resignado en vuestras enfermedades, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, consuelo de los enfermos, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, protector de los agonizantes, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, nuestro defensor en el divino tribunal, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
San José, príncipe de los bienaventurados, protegednos, y proteged á la Iglesia y á su Cabeza visible.
Oración
Puestos de rodillas ante Vos, oh insigne protector nuestro San José, venimos hoy también á pediros piedad. Apesarados de nuestras ingratitudes y á la vista de tantas culpas como hemos cometido, no nos atrevemos á levantar los ojos a Vos. Pero reflexionando luego sobre vuestro ilimitado poder y corazón compasivo, nos sentimos reanimados de la más viva y generosa confianza.
¡Y cómo no hemos de confiar en Vos, que habéis empeñado en vuestro favor á las tres Personas de la sacrosanta Trinidad; al Padre Eterno, á quien representais sobre la tierra en la custodia de su Hijo encarnado: al Verbo divino, por haber sustentado y protegido su vida humana que fué la salvación del mundo: al Espíritu Santo, por haber sido su representante, como esposo de María? ¿Qué gracia, pues pediremos, que no nos sea concedida? Vos ya conocéis los deseos de nuestro corazón y las gracias de hoy os queremos pedir. Concednos la fe, la esperanza y la caridad, y los frutos de estas tres importantes virtudes.
Haced, pues, que sean nuestras compañeras inseparables durante la vida, pero en especial en el trance de la muerte. Alcanzádnosla, oh padre y protector nuestro, por el amor que tuvisteis á las tres divinas Personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para que con su ejercicio nos hagamos dignos de gozar de los efectos de vuestro gran patrocinio en vida y muerte. Amén.
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