sábado, 18 de junio de 2022

EJERCICIO POR LA MAÑANA


Oración antes de la comunión




Mi especial protector San José, 
tembloroso el corazón y humillado el espíritu, 
voy a acercarme á la sacrosanta mesa eucarística. 
¡Oh! me confundo al pensar que he de recibir á mi Dios; 
á Dios, que se digna venir á mi alma para
 unirse con ella de una manera tan íntima 
y tan afectuosa, á Dios, que junto con
 la participación de su santísima humanidad
me comunica su propia divinidad, 
haciendo á mi alma un espíritu con el suyo.
Soy indigno, más que indignísimo
 de tanta fineza y de honor tanto.
¿Que he de hacer? ¡Santo mío! 
Deseo estrecharme con mi dulce Jesús;
pero veo al mismo tiempo mi indignidad, 
mi poco amor y mis ingratitudes, 
y esto me espanta y desazona...
Venid, venid, pues, Vos que fuisteis y s
ois todo paternal cariño para vuestro Hijo adoptivo, 
y que por vuestra eminente santidad merecisteis ser llamado
padre del mismo Hijo de Dios:
venid a encender en amor mi frío corazón:
prestadme vuestros grandes méritos 
y vuestras privilegiadas virtudes.
Vos preparasteis con tierno afán en el portal de Belén 
la pobre cuna en que había de reposar el Dios
nacido de vuestra virginal esposa;
Vos la convertisteis, 
cuanto os lo permitió la penuria en que os hallabais, 
en un lecho blando y abrigado.
Preparad á su vez mi alma; convertidla 
en decorosa y apacible morada para mi Dios;
ablandadla de su dureza; abrigadla con vuestra protección, 
para que el amantísimo Jesús pueda 
reposar en ella con amorosa complacencia.
Y Vos, Virgen Santísima, 
venid con vuestro amadísimo y angelical esposo 
á disponer mi corazón, 
que tan vacío se halla de virtudes, 
y tan ocupado de amor propio y vanos deseos.
Purificadle con la pureza de un ángel, 
Vos que sois la Virgen Inmaculada
y la Reina de los ángeles.
Y purificado mi corazón y preparada mi alma,
  oh dulcísimo Jesús, por María y José
bien puedo deciros que vengáis.
Venid, sí venid, querido de mi amor.
No miréis mi miseria y mi vilezas;
atended sólo que son vuestra madre y vuestro padre adoptivo, 
tan purísimos y tan que queridos vuestros, 
los que os recibirán al entrar á mi alma.
Venid, pues, venid, dulce bien mío, que lo deseo con ardor.



Oración después de la comunión

¿Es posible, mi amadísimo Patriarca San José,
 que todo un Dios se haya dignado darse en alimento á mi alma?  
¿Es posible que el dulcísimo Jesús se haya unido á mí, 
haciéndome participante de su santísimo cuerpo?
Así es: y yo, miserable y pecadora criatura, 
por medio de la sargada comunión, 
acabo de recibir en mi interior á aquel mismo 
Hijo del Altísimo que Vos tuvisteis en vuestros brazos 
y estrechasteis sobre vuestro ardoroso corazón.

¡Infeliz de mí. que no sé yo acariciarle
 con aquella ternura con que lo hicisteis Vos!
¡que no sé yo adorarle con aquella humildad 
y fervor con que Vos adorasteis al compás de los angélicos acentos 
que cantaban al recién nacido Niño divino: 
Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra
 á los hombres de buena voluntad!

Suplid, bondadoso protector mío, mi insuficiencia.
Dad por mí millones y millones de gracias al dulcísimo Jesús,
 que tan incomparable fineza me ha dispensado.  
Pedidle que haga de mi corazón una inmensa hoguera de amor suyo, 
cuyo fuego consuma en mí todos mis malos hábitos 
y todas mis aficiones terrenas.

Pedidle por todas mis necesidades y por todas las de la Iglesia:
 por el Sumo Pontífice y demás prelados, así como por las de mis parientes,
 amigos y conocidos y de todos los  hombres, tantos justos como pecadores,
 así fieles como infieles. Interceded con vuestra amorosísima esposa, 
para que, ya que tengo a Jesús en mi alma, 
venga también ella á morar en mi corazón, 
y le haga suyo, enteramente suyo.
Y  Vos, divino Jesús mío, recibid por conducto de vuestra madre 
y de vuestro padre adoptivo, con mi sincero reconocimiento, 
el ofrecimiento que os hago de no pretender desde hoy más que vuestro amor,
y de esforzarme cada día con nuevo ahínco 
en que mi alma os sea siempre morada de amor y delicias.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Aceite de San José

  La devoción al aceite de San José tiene sus raíces en la tradición católica, especialmente a través de figuras como San Andrés Bessette. S...