¡Santísimo Patriarca, que en unión felicísima con Jesús y María hallasteis ocasión de sufrir las más duras penas y trabajos, pero que con vuestra confianza, humildad y resignación merecisteis los más dulces consuelos! haced que, vencidas todas mis pasiones, desprendido mi corazón de todo afecto terreno, goce mi alma de verdadera paz y tranquilidad.
Alcanzadme una santa indiferencia, para que el reposo y la calma de mi corazón no se alteren con los trabajos o favores que Dios me enviare.
Enseñadme á hacer buen uso de las penas y consuelos de esta vida, para merecer los deliciosos bienes de la otra.
Amén.

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