sábado, 19 de noviembre de 2022

PEQUEÑA CORONA POÉTICA A SAN JOSÉ

 


AL PATRIARCA SAN JOSÉ

¡Quién como tú! 
 Las arpas celestiales acompañan la dulce melodía
 con que aclaman acordes los mortales,
los nombres de Jesús, José y María.
¡Quién como tú! 
Tu inmaculada frente ciñe luz inmortal, 
nimbo de gloria, tus recuerdos estrechamente
Al del Niño Jesús y de su historia.
El Dios inmenso, soberano, eterno,
Sujeto de amor por suaves lazos.
Descendiendo á tu albergue niño tierno,
beso tu rostro y se durmió en tus brazos.
El que vierte en los campos la abundancia 
y la lluvia en otoño nos envía, 
llevó á sus labios en su tierna infancia
el pan que tu trabajo producía.
Y la virgen sin par, de faz serena, 
pura como los rayos de la aurora,
bella como la mística azucena,
la que gracia y virtudes atesora:
la que del Verbo Eterno fue morada, 
Y te nutrió con néctar de su pecho,
Fue tu casta y amante desposada
Tu taller era encanto de María
Y centro de delicias del Eterno.
Nadie, nadie cual tú, José glorioso.
¿A quién el Hacedor sublimó tanto?
De la madre del Verbo casto esposo, 
Y padre de Jesús, mil veces santo,
Sé nuestro protector, sé tierno amigo
del que guarda en su alma tu memoria, 
Y haz que podamos disfrutar contigo
de la vista de Dios y de su gloria.

ALABANZAS AL PATRIARCA SAN JOSÉ

Santo sois y sin igual
En vuestro cargo elevado:


Sed José, fiel abogado
De la Iglesia Universal.

Pues que fuisteis destinado
A ser María esposo.
De Jesús padre amoroso
Con el Bautista igualado, 
Os creeré santificado
En el vientre maternal

Sed José, fiel abogado
De la Iglesia Universal.

De vírgenes la más pura, 
que de Dios Madre ha de ser, 
Por esposo ha de tener
Á la más santa criatura.
Así vuestra virtud  fulgura
Con un brillo sin igual.

Sed José, fiel abogado
De la Iglesia Universal.

Aunque humilde carpintero, 
Sois de David descendiente, 
Y a Vos el Omnipotente
Os previno con esmero 
Para esposo verdadero
De la Reina Celestial.

Sed José, fiel abogado
De la Iglesia Universal.

El hombre primero fuisteis
Que visteis a Dios nacido, 
Y en vuestros brazos dormido
Tantas veces lo tuvisteis;
Jesús por nombre le disteis
Por encargo divinal.


Sed José, fiel abogado
De la Iglesia Universal.

¡ Desterrado! ¡ Cuánto duelo
en Vos el Nilo derrama, 
Hasta que el ángel os llama
Á la patria! El Rey del cielo
Debe en tanto á vuestro anhelo
el sustento corporal.


Sed José, fiel abogado
De la Iglesia Universal.

Sumiso, fiel y obediente
Jesús á vos se mostraba, 
Y el nombre de Padre os daba.
¡Oh dignidad excelente,
que no cupiera em la mente
¡Del miserable mortal!


Sed José, fiel abogado
De la Iglesia Universal.

En los brazos expirasteis
De Jesús y de María;
De su Ascensión en el día,
Á Jesús acompañasteis, 
Y en el alma y cuerpo os sentasteis
Junto al trono divinal.


Sed José, fiel abogado
De la Iglesia Universal.

Allí protector sagrado 
Os halla el fiel afligido,
Y nadie á Vos ha acudido
Sin ser de Vos escuchado:
Esto Teresa ha enseñado,
Vuestra devota especial.

Sed José, fiel abogado
De la Iglesia Universal.

Vio vuestro poder, y un día
El Pontífice Pío Nono
A Vos como á su patrono
Toda la Iglesia Confía;
Humillad, pues, la osadía
Del ejército infernal.

Sed José, fiel abogado
De la Iglesia Universal.

GOZOS DE SAN JOSÉ

Vuestra vida fué tan pura,
Que no verá luz del día,
Con excepción de María,
Otra más santa criatura.
Por eso vuestra ventura.
En el mundo no halla igual.

Sed José, nuestro abogado
En esta vida mortal.

Con júbilo recibisteis
Á María por esposa, 
Virgen pura, santa, hermosa,
Con la cual feliz vivisteis:
Y por ella conseguisteis
Dones y luz celestial


Sed José, nuestro abogado
En esta vida mortal.

Vos sois el hombre primero
Que visteis á Dios nacido,
Y en vuestro brazo dormido
Tuvisteis aquel Lucero.
Siendo Vos el tesorero
Da tan inmenso caudal.

Sed José, nuestro abogado
En esta vida mortal.

En vuestra muerte dichosa
Tuvisteis á vuestro lado
Al mismo Dios humanado, 
Y á María vuestra esposa: 
Circundándoos gloriosa
Una hueste angelical

Sed José, nuestro abogado
En esta vida mortal.

Ahora sous el abogado
de todos los pecadores,
alcanzando mil favores
al que os llama atribulado;
Ninguno desconsolado
Salió de este tribunal.

Sed José, nuestro abogado
En esta vida mortal.


CÁNTICO Á SAN JOSÉ

Á Dios trino y uno
La gloria se dé
Y alabados sean
María y José.

Á ti, José Santo,
Ensalcen en coros
De angélico canto
Los hombres aquí;
Y de himnos sonoros
La dulce armonía
Resuene, que envía
El cielo hacia ti.

¡Oh Padre benigno!
Cuya alma tan pura
Esposo hizo digno,
Con fe virginal,
De aquella criatura
Que virgen y madre
Al Hijo del Padre
Dio carne mortal.

Al Dios hombre hecho,
Apenas nacido, 
Le siente tu pecho
De amor palpitar.
Con él perseguido
Sin culpa ni yerro, 
El pan del destierro
La diste a probar.

Con llanto prolijo
Buscando contemplo,
Cual padre á su hijo, 
Á Cristo tu Amor;
Y al fin en el templo
Hallando al Dios Niño,
En gozo y cariño
Se torna el dolor.

Labor de tu mano, 
Sudor de tu frente
Al Rey soberano
Sustento le dan:
Un techo inocente
Á entrambos cubría,
Contigo partía
Trabajos y pan.

¡Oh Virgen Esposo!
¡Oh, Padre el más tierno!
¡Custodio amoroso
del célico hogar!
El blando gobierno
De hogares cristianos
Dirijan tus manos, ¨
Patrón tutelar.

La Iglesia de Cristo
Gimiendo en cadenas,
Cual nunca se ha visto
Doliente hoy se ve;
Y en medio de sus penas
con rostro lloroso
Te pide piadoso
Tu amparo, José.

De rabia insensata
Ve al mundo que ciego
Sus iras desata;
Persigue la luz;
Socórrenos luego;
Y á amor nos inclina
La sangre divina
Que aun baña la cruz.

Y cuando nos llegue
Poster agonía, 
y el alma se anegue
De muerte en dolor,
Contigo y María
El rostro propicio
Nos muestre en el juicio
Jesús Redentor.


EN LAS VISITAS MENSUALES

Patrón del linaje humano, 
Á tu nuestro labio implora; 
Vén á nos en feliz hora,
Visitador soberano;
Destierra todo pesar
E infúndenos alegría;

Pues vienes, José, este día
Á bendecir nuestro hogar.

Á tu presencia, temblando
Huye el demonio al averno;
En cambio amoroso y tierno
Vas consuelos derramando 
Al que te sabe invocar;
Gózate, pues, alma mía;

Pues vienes, José, este día
Á bendecir nuestro hogar.

Paz, virtud á las familias
Prodigas siempre piadoso;
Y, protector poderoso,
A tus devotos auxilias;
Logre contigo aquí entrar
La piedad y la alegría;

Pues vienes, José, este día
Á bendecir nuestro hogar.

Tú infundes el temor santo, 
De Dios repartes los dones,
Y llenas los corazones
Del más inefable encanto;
Enséñanos, pues, á amar
Á tu Jesús y María;

Pues vienes, José, este día
Á bendecir nuestro hogar.

En los combates del mundo,
En frente á tanto enemigo,
Eres bienhechor amigo;
En ti mi esperanza fundo:
Vén, pues, a victoria á dar
Al alma que en ti confía;

Pues vienes, José, este día
Á bendecir nuestro hogar.

Ahuyenta de nuestra estancia
la enfermedad, los dolores;
Haz que presten castas flores
Á nuestra vida fragancia;
Y ayúdenosla á pasar
Una feliz medianía

Pues vienes, José, este día
Á bendecir nuestro hogar.

Bendice tú las labores
Que la madre de familia
En prolongada vigilia
Emprende, mientras loores,
Para su afán aliviar,
Canta á Jesús y María:

Pues vienes, José, este día
Á bendecir nuestro hogar.

Cuando ya la dura muerte
Aparezca inexorable
En el trance inevitable
Que decide nuestra suerte,
Vuélvenos á visitar 
Y asiste á nuestra agonía,

Pues vienes, José, este día
Á bendecir nuestro hogar.




domingo, 13 de noviembre de 2022

LA SAGRADA COMUNIÓN EN COMPAÑIA DE SAN JOSÉ

La Sagrada Comunión en Compañia de San José



No hay dicha mayor en este mundo que comulgar dignamente.  Prepárate con gran cuidado, á lo menos desde el día anterior, oh devoto de San José, interesando al Santo bendito para que tenense el modo de recibir dignamente en tu pecho á aquel Niño Dios, á aquel joven Jesús, que el Santo besó, acarició, regaló, llevó en sus brazos y estrecho contra su pecho tantes veces.

No puedes figurarte al Salvador Jesús en imagen más amorosa que cuando viene á tu pecho.  Como el Profeta, se achica, se acomoda á nuestra pequeñez y condición, junta sus labios á nuestros labios y su corazón á nuestro corazón, por comunicar la vida de su alma á la nuestra.  Bendito el Señor y bendita su infinita bondad.  Pide, pues al Santo bendito que te dé á su Niño Jesús, y díle que lo quieres recibir de sus manos, y que te enseñe á conversar con Él, á amarle, adorarle, acariciarle y regalarle.

Para esto te ayudará no poco la siguiente consideración y oraciones.

Consideración para antes de comulgar

    ¿Quien viene á mi en ese Sacramento de amor?--Jesús, hijo de Dios vino, hijo de María Inmaculada, hijo adoptivo de San José.... Es el mismo Jesús, á quien San José adoró, beso, acarició, estrechó contra su pecho, llevó en sus brazos y alegró con dulcísimo regalo..... Es el mismo Jesús á quien San José mandó, el mismo que obedeció y estuvo sujeto a San José, como un hijo á su padre.... Es Jesús, Rey Inmortal de todos los siglos, que no sabe negar cosas alguna á San José, como un hijo cariñoso y respetuoso nada niega á un bien padre.  ¿Qué no podrás esperar, pues, de tan buen Señor, teniendo por intercesor á San José?  Oh alma amante de San José: aviva la fe y confianza, y lo que no puedes obtener por ti, se te dará por la intercesión del Santo bendito.  No lo dudes.  

    ¿A quién viene?--Á mí, vil gusanillo, pecadorcillo, hombrecillo, miserable traidor é ingrato.... 

Á mí, que tantes veces le ofendí y le arrojé con desconocimiento de mi casa, de mi alma y de la posesión de mi amor... 

Á mí, á quien tantas veces ha perdonado, y que tantas veces le he prometido fidelidad y enmienda.  Á mí, sentina de vicios, piélago de maldadades, venero la iniquidad y perfidia....

 Vos, Jesús mío y Dios mío, ¿Cómo, siendo infinita Alteza, venis a mí, infinita bajeza?

Vos, Jesús mío y Dios mío, ¿Cómo, siendo infinita Majestad, venís á mí, infinita pequeñez?

Vos, Jesús mío y Dios mío, ¿Cómo venís á mí, incomprensible maldad, iniquidad y vileza? 

 ¿Que es esto Señor?  Si no fuera porque lo sabéis todo, os diría con San Pedro: ¨Apartaos de mí, Señor, que soy un hombrecillo pecador.¨  Mas ya que Vos, sabiéndola todo, os dignáis convidarme, diciéndome: ¨Venid á mí todos los que estáis cargados y trabajados, y yo os aliviaré¨, vengo á Vos, mi Dios, y os pido lugar en vuestra mesa, sentarme á vuestro lado, y comer de vuestro manjar, delicia de los ángeles.  Pues me convidáis, Señor, y me decís: ¨Vén á mí, sufridme, recibidme y tomadme cual soy yo, y hacedme cual debo ser, para que merezca recibir dignamente este augusto Sacramento, y la gracia, bendición y el fruto de él en la eternidad  Amén.


COLOQUIO AMOROSO

Díme, alma mía: si vieras entrar por la puerta de tu casa á la hermosísima Reina de los cielos, la Virgen María, y á su castísimo esposo San José, con el Niño Dios en los brazos, y te lo dejasen en los tuyos, y lo estrechases en tu pecho, y lo guardase y acariciases, ¿qué sentirías? ¿qué dirías? ¿qué harías? Pues mira, alma mía, mayor es tu dicha al comulgar y alimentar tu alma con este Pan de los ángeles.  -Díme, alma mía: si te hallase con María y José en la cueva de Belén, después de nacido el Niño Jesús, y te rogasen que estuvieses con él mientras se iban á descansar, para que lo guardases, lo mecieses, lo regalases, acariciases y acallases, y te dijesen: huélgate con él; ¿qué sentirías? ¿qué dirías? ¿qué harías mientras estuvieses á solas con el Niño Jesús?  Pues mira, alma mía, más dichosa eres recibiendo á Jesús en la comunión en tu pecho.

-Díme, alma mía: si, como el anciano Simeón, María y José dejasen al Niño Jesús en tus brazos para que lo ofrecieses al Eterno Padre, ¿qué sentirías? ¿qué dirías? ¿qué pensarías? ¿qué harías? Pues mira, alma mía, más feliz eres al aplicar tu boca en la sagrada comunión al costado de Cristo, y beber su sangre y comer su santísimo cuerpo.

¡Oh, Santo mío José! dadme licencia para deciros que soy en cierto modo más venturoso comulgando, que Vos lo fuisteis, pues sólo os fue concedido mirar y tocar este Pan celestial, más no gustarlo y comerlo, como á mí se me concede en la sagrada comunión.  ¡Ojalá lo reciba y lo guste con aquella pureza de alma y claridad de espíritu con que Vos lo mirasteis y tocasteis en esta vida mortal!

No me negará el buen Jesús este favor si se lo pedís Vos, Santo mío, su ayo y su tutor, que nos conservasteis y cuidasteis este trigo que engendra pureza en las almas, y las nutre de espíritu divino y vida eterna. 

Amén.

¡ Oh María! ¡Oh José! rogad á Jesús por mí para que lo reciba yo dignamente en la sagrada comunión. 

Amén.


EN EL ACTO DE COMULGAR

Haz cuenta, alma mía, que acompañada de la Virgen María y San José, te acercas á comulgar, o bien, que el sacerdote es el glorioso San José que entrega a tu custodia, y para que lo trates bien, á su hijo Jesús, delicias de los cielos, claridad y belleza del Padre Eterno.  Trátalo, pues, y recíbelo con singular preparación, modestia, acatamiento, limpieza y reverencia, pues es hijo de muy buenos padres, criado con singular cuidado y delicadeza y venido del cielo, donde es adorado y servido por toda la corte angélica.

No seas descomedido saliéndote en seguida de la iglesia, ó no acordándote que tienes en tu pecho tal Señor y Majestad, ó distrayéndote de conversar reverentemente con él, y pedirle...y amarle...y adorarle...

Huélgate lo más que pueda con Él...siquiera media hora, ó á lo menos un cuarto de hora: cierra los ojos y los oídos á todo lo criado, olvídate de todas las criaturas para acordarte tan sólo de tu Criador que tendrás cautivo, prisionero en tu pecho por tu amor.

Acércate, pues, con los ojos bajos, con vestido modesto y decente, las manos juntas ó cruzadas, y dí con profunda humildad: ¨Señor, yo no soy digno de ti, etc.

Abre los labios y saca la lengua moderadamente (extiende tu mano) y con salto de júbilo espiritual recibe y gusta del Pan de los ángeles, que amasó el Espíritu Santo en el seno virginal de María con su purísima sangre, y que San José te conservó en los treinta años que vivió en su compañía. 

DESPUÉS DE HABER COMULGADO

 ¡Qué felicidad! ¡Qué riqueza!

Tengo en mi pecho al Dios de mi corazón
y al Corazón de mi Dios sacramentado.
Alma mía, ¿qué sientes? ¿qué piensas?
¿qué dices? ¿qué haces?
Mira que en tu pecho está el Hijo de Dios...
multitud innumerable de ángeles le forman la corte
y le adoran en tu pecho...
María y José te contemplan y se deleitan en tu dicha, 
y observan cómo tratas á tu amadísimo hijo Jesús....
¡Oh, huélgate con él!...
Despacha el tropel de pensamientos y recuerdos importunos,
y á solas con los ángeles y con María y José 
adora, ama, alaba, honra y glorifica al buen Jesús...
¡Oh María! ¡Oh José!
prestadme vuestros amores, vuestros encantos,
vuestras gracias, delicadezas y cariños 
para regalar debidamente á vuestro Jesús.
Trata á Jesús con cariño, con respeto profundo,
y con el mayor amor que puedas,
te dicen María y José,
porque es hijo de muy buenos padres, 
criado con toda delicadeza, ternura, atención y amor.
Adora...ama...ofrece...pide...ruega...solicita...
acompañada de María y San José.
No lo olvides: una comunión bien hecha 
basta para hacernos santos...
Aprovéchate de estos momentos en que más eficazmente
obra la gracia de Jesucristo.

RETRATO DEL PATRIARCA, SEÑOR SAN JOSÉ

 


            Era San José, como creen muchos autores, de muy hermosa estatura; su aspecto venerable, lleno de belleza y majestad, de gallarda presencia y rara modestia. Nadie podía mirar á San José sin que el corazón se sintiese herido de sus maravillosos atractivos.  Fue dotado de apacible trato, de noble y compasivo corazón, de gran cordura y genio dulcísimo.

    Este Santo Patriarca tuvo en sumo grado todas las virtudes; gran fe, gran esperanza y grandísima caridad, virginal y celestial pureza, profundísima humildad, perfectísima obediencia, rara simplicidad, singular prudencia, maravillosa fortaleza y constancia, increíble paciencia y mansedumbre, vigilancia cuidadosa, solícita providencia, y un recogidísimo silencio:  no leemos en todo el Evangelio palabra que haya hablado San José; porque no era hombre de palabras sino de obras.

    Testigo de las maravillas de Dios, muerto al mundo y á la carne, amador de la vida oculta, santísimo en todo, es San José la gloria y ornamento de todos los justos y bienaventurados, esperanza de nuestra vida y columna que sostiene el mundo.  En todo, para deciros en una palabra, es San José semejante a Jesús y á María, que fueron dotados en sumo grado de belleza, gracia y santidad, delante de Dios y de los hombres.

    Oh Padre adoptivo de Jesús, virginal esposo de María, patrón de la Iglesia Universal, protector de los moribundos, tesorero y dispensador  de las gracias del Rey de la Gloria, jefe de la Sagrada Familia, depositario de la gran familia cristiana, el hombre más amado y amante de Dios y de los hombres, socorredor en toda necesidad, salvador del Salvador del mundo: Id a José, nos claman Pio IX y Leon XIII, á pedirle remedio en los grandes males que nos cercan: á Vos pues, somos enviados; á Vos !oh excelso Patriarca, señor y padre nuestro San José! á Vos venimos...miradnos tan sólo con ojos amorosos, pues nuestra salud está en vuestras manos, ... ¡Salvadnos, que perecemos!

martes, 1 de noviembre de 2022

Para lograr el entendimiento familiar por medio de la intercesión de San José

 



San José, esposo de María 
conocer como nosotros la vida de familia.
Tu amor se dirigía naturalmente hacia el 
Hijo de Dios convertido en tu hijo.
Y como nosotros, debiste hacer crecer
tu amor en medio de las dichas y las dificultades.
San José protege hoy nuestra familia.
Ayúdanos a comprendernos.
Haz que ni el orgullo ni el egoísmo
afecten jamás nuestro cariños.
Haznos cada vez más fieles a nuestros 
compromisos y haz que en el ritmo
de nuestras jornadas podamos acercarnos juntos
al Hijo de Dios que siempre vive en el 
corazón de toda las familias.
Amén.

Aceite de San José

  La devoción al aceite de San José tiene sus raíces en la tradición católica, especialmente a través de figuras como San Andrés Bessette. S...