La Sagrada Comunión en Compañia de San José
No puedes figurarte al Salvador Jesús en imagen más amorosa que cuando viene á tu pecho. Como el Profeta, se achica, se acomoda á nuestra pequeñez y condición, junta sus labios á nuestros labios y su corazón á nuestro corazón, por comunicar la vida de su alma á la nuestra. Bendito el Señor y bendita su infinita bondad. Pide, pues al Santo bendito que te dé á su Niño Jesús, y díle que lo quieres recibir de sus manos, y que te enseñe á conversar con Él, á amarle, adorarle, acariciarle y regalarle.
Para esto te ayudará no poco la siguiente consideración y oraciones.
Consideración para antes de comulgar
¿Quien viene á mi en ese Sacramento de amor?--Jesús, hijo de Dios vino, hijo de María Inmaculada, hijo adoptivo de San José.... Es el mismo Jesús, á quien San José adoró, beso, acarició, estrechó contra su pecho, llevó en sus brazos y alegró con dulcísimo regalo..... Es el mismo Jesús á quien San José mandó, el mismo que obedeció y estuvo sujeto a San José, como un hijo á su padre.... Es Jesús, Rey Inmortal de todos los siglos, que no sabe negar cosas alguna á San José, como un hijo cariñoso y respetuoso nada niega á un bien padre. ¿Qué no podrás esperar, pues, de tan buen Señor, teniendo por intercesor á San José? Oh alma amante de San José: aviva la fe y confianza, y lo que no puedes obtener por ti, se te dará por la intercesión del Santo bendito. No lo dudes.
¿A quién viene?--Á mí, vil gusanillo, pecadorcillo, hombrecillo, miserable traidor é ingrato....
Á mí, que tantes veces le ofendí y le arrojé con desconocimiento de mi casa, de mi alma y de la posesión de mi amor...
Á mí, á quien tantas veces ha perdonado, y que tantas veces le he prometido fidelidad y enmienda. Á mí, sentina de vicios, piélago de maldadades, venero la iniquidad y perfidia....
Vos, Jesús mío y Dios mío, ¿Cómo, siendo infinita Alteza, venis a mí, infinita bajeza?
Vos, Jesús mío y Dios mío, ¿Cómo, siendo infinita Majestad, venís á mí, infinita pequeñez?
Vos, Jesús mío y Dios mío, ¿Cómo venís á mí, incomprensible maldad, iniquidad y vileza?
¿Que es esto Señor? Si no fuera porque lo sabéis todo, os diría con San Pedro: ¨Apartaos de mí, Señor, que soy un hombrecillo pecador.¨ Mas ya que Vos, sabiéndola todo, os dignáis convidarme, diciéndome: ¨Venid á mí todos los que estáis cargados y trabajados, y yo os aliviaré¨, vengo á Vos, mi Dios, y os pido lugar en vuestra mesa, sentarme á vuestro lado, y comer de vuestro manjar, delicia de los ángeles. Pues me convidáis, Señor, y me decís: ¨Vén á mí, sufridme, recibidme y tomadme cual soy yo, y hacedme cual debo ser, para que merezca recibir dignamente este augusto Sacramento, y la gracia, bendición y el fruto de él en la eternidad Amén.
COLOQUIO AMOROSO
Díme, alma mía: si vieras entrar por la puerta de tu casa á la hermosísima Reina de los cielos, la Virgen María, y á su castísimo esposo San José, con el Niño Dios en los brazos, y te lo dejasen en los tuyos, y lo estrechases en tu pecho, y lo guardase y acariciases, ¿qué sentirías? ¿qué dirías? ¿qué harías? Pues mira, alma mía, mayor es tu dicha al comulgar y alimentar tu alma con este Pan de los ángeles. -Díme, alma mía: si te hallase con María y José en la cueva de Belén, después de nacido el Niño Jesús, y te rogasen que estuvieses con él mientras se iban á descansar, para que lo guardases, lo mecieses, lo regalases, acariciases y acallases, y te dijesen: huélgate con él; ¿qué sentirías? ¿qué dirías? ¿qué harías mientras estuvieses á solas con el Niño Jesús? Pues mira, alma mía, más dichosa eres recibiendo á Jesús en la comunión en tu pecho.
-Díme, alma mía: si, como el anciano Simeón, María y José dejasen al Niño Jesús en tus brazos para que lo ofrecieses al Eterno Padre, ¿qué sentirías? ¿qué dirías? ¿qué pensarías? ¿qué harías? Pues mira, alma mía, más feliz eres al aplicar tu boca en la sagrada comunión al costado de Cristo, y beber su sangre y comer su santísimo cuerpo.
¡Oh, Santo mío José! dadme licencia para deciros que soy en cierto modo más venturoso comulgando, que Vos lo fuisteis, pues sólo os fue concedido mirar y tocar este Pan celestial, más no gustarlo y comerlo, como á mí se me concede en la sagrada comunión. ¡Ojalá lo reciba y lo guste con aquella pureza de alma y claridad de espíritu con que Vos lo mirasteis y tocasteis en esta vida mortal!
No me negará el buen Jesús este favor si se lo pedís Vos, Santo mío, su ayo y su tutor, que nos conservasteis y cuidasteis este trigo que engendra pureza en las almas, y las nutre de espíritu divino y vida eterna.
Amén.
¡ Oh María! ¡Oh José! rogad á Jesús por mí para que lo reciba yo dignamente en la sagrada comunión.
Amén.
EN EL ACTO DE COMULGAR
Haz cuenta, alma mía, que acompañada de la Virgen María y San José, te acercas á comulgar, o bien, que el sacerdote es el glorioso San José que entrega a tu custodia, y para que lo trates bien, á su hijo Jesús, delicias de los cielos, claridad y belleza del Padre Eterno. Trátalo, pues, y recíbelo con singular preparación, modestia, acatamiento, limpieza y reverencia, pues es hijo de muy buenos padres, criado con singular cuidado y delicadeza y venido del cielo, donde es adorado y servido por toda la corte angélica.
No seas descomedido saliéndote en seguida de la iglesia, ó no acordándote que tienes en tu pecho tal Señor y Majestad, ó distrayéndote de conversar reverentemente con él, y pedirle...y amarle...y adorarle...
Huélgate lo más que pueda con Él...siquiera media hora, ó á lo menos un cuarto de hora: cierra los ojos y los oídos á todo lo criado, olvídate de todas las criaturas para acordarte tan sólo de tu Criador que tendrás cautivo, prisionero en tu pecho por tu amor.
Acércate, pues, con los ojos bajos, con vestido modesto y decente, las manos juntas ó cruzadas, y dí con profunda humildad: ¨Señor, yo no soy digno de ti, etc.
Abre los labios y saca la lengua moderadamente (extiende tu mano) y con salto de júbilo espiritual recibe y gusta del Pan de los ángeles, que amasó el Espíritu Santo en el seno virginal de María con su purísima sangre, y que San José te conservó en los treinta años que vivió en su compañía.
DESPUÉS DE HABER COMULGADO
¡Qué felicidad! ¡Qué riqueza!
Tengo en mi pecho al Dios de mi corazón
y al Corazón de mi Dios sacramentado.
Alma mía, ¿qué sientes? ¿qué piensas?
¿qué dices? ¿qué haces?
Mira que en tu pecho está el Hijo de Dios...
multitud innumerable de ángeles le forman la corte
y le adoran en tu pecho...
María y José te contemplan y se deleitan en tu dicha,
y observan cómo tratas á tu amadísimo hijo Jesús....
¡Oh, huélgate con él!...
Despacha el tropel de pensamientos y recuerdos importunos,
y á solas con los ángeles y con María y José
adora, ama, alaba, honra y glorifica al buen Jesús...
¡Oh María! ¡Oh José!
prestadme vuestros amores, vuestros encantos,
vuestras gracias, delicadezas y cariños
para regalar debidamente á vuestro Jesús.
Trata á Jesús con cariño, con respeto profundo,
y con el mayor amor que puedas,
te dicen María y José,
porque es hijo de muy buenos padres,
criado con toda delicadeza, ternura, atención y amor.
Adora...ama...ofrece...pide...ruega...solicita...
acompañada de María y San José.
No lo olvides: una comunión bien hecha
basta para hacernos santos...
Aprovéchate de estos momentos en que más eficazmente
obra la gracia de Jesucristo.

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